lunes, septiembre 9

SECRETOS




Todos los tenemos. Los ocultamos muy dentro nuestro, pero asoman y dictan nuestro comportamiento.
Los bañamos con actitud superadora, negando su existencia, y permanencia. Una alegría forzada contrasta con el pesar que nos genera.

A veces los liberamos de sus calabozos oscuros y húmedos, permitiéndoles que salgan a tomar una bocanada de aire, a riesgo de complicarnos nuestro presente, y rápidamente los volvemos a encerrar.
Nos gusta sentir esa sensación masoquista entre el dolor oculto y el dolor presente.

Otras veces se disfrazan, se camuflan, se mimetizan. Se nos presentan como dulces y alegres sensaciones, ocultos detrás de verdades vividas y sentidas. Nos distraen para asomarse, y ver si en el engaño pueden  ganar su libertad.

Los secretos, cual presiones y represiones de historias inconclusas generadas en un tiempo incierto e indefinido, cobran vida y se transforman en nuestra sombra. Nos siguen a diestra y siniestra.

Son invisibles, pero frente al espejo asoman como parte de la foto. Difusos, claros, o deslumbrantes, los secretos brotan por los poros de nuestra memoria, tensando los músculos de nuestro hacer.

Momentos tristes requieren de una sonrisa. Momentos alegres requieren de una lágrima. Momentos indefinidos quedan librados a nuestro poder hacer. A nuestra limitada capacidad de sobreponernos a esas historias.

Crecer y avanzar nos ayuda. Compartir y abrirnos nos agranda. Nuestro pasado y sus secretos no desaparecen, solo se acomodan. Y nosotros nos vamos amoldando, acostumbrando, relajando.

Y la vida continua, y nos presenta nuevos caminos, mientras nuestro espíritu más liviano se auto invita a recorrerlos.