martes, mayo 21

MALDITA RAZON


El equilibrio digita mis pasos como una marcha organizada donde los movimientos previsibles anulan todo acto de libertad.
A mí alrededor todo fluye confuso y mezclado entre risas y alegrías, desprejuiciados por aventurarse a lo desconocido.

Envidiosas sensaciones me sacuden, pero no logro interpretarlas, entenderlas, disfrutarlas.
No conozco los caminos sinuosos, sino las rectas y concretas avenidas.

No le tengo miedo a lo desconocido, ya que lo preveo, lo imagino, lo trazo, engañando a mi mente al limitarle su espontaneidad, disfrazándolo de algo vivido y memorizado.

Evito los senderos que se bifurcan donde las realidades se multiplican y permiten que hasta los muertos revivan, en una fantasía de magia y colores donde todo es posible.

Cierro los ojos a la luz que intenta aclarar mis pensamientos, desenredando las telarañas de seda, donde quedaron atrapados mis sueños.

Noche tras noche, releo el prólogo de mi libro, sin pasar al primer capítulo donde se desarrollan los momentos de audacia y desafíos, que quitan el oxido a mi destino.

Esquivo las compañías que intentan deslumbrarme con fábulas y relatos de mundos inverosímiles, y dantescos, donde la vida se dobla y retuerce creando figuras variadas llenas de gozo.

Me disfrazo para no ser descubierto y liberado a un mundo al cual no estoy preparado, que amenaza con quitarme el piso y las columnas  que mantienen una vida de razones sin razón.

Pero en el fondo de mi espíritu, se va germinando el virus de la revolución interior. El contagioso germen de lo desconocido, que acelera las pulsaciones y desconecta la razón para que el impulso y las ansias guíen mis nuevos pasos.

Solo es una cuestión de tiempo y espacio para que la maldita razón deje su lugar a las emociones ocultas en el arcón de las mil llaves, y que se liberen los torbellinos de insensateces que generan la felicidad.

Y así es como el ser humano, cambia de piel y de hábitos, y se entrega a los brazos de lo inconcluso, para vivir día a día, completando el mapa de su ingobernable destino.

martes, mayo 14

PREGUNTAS


Entré en un laberinto por decisión propia. Nadie me obligó.
Los sucesos se fueron dando. Escapando de compromisos asumidos, buscando el santo grial de la felicidad, o queriendo saber que había detrás del muro.

La cuestión es que una vez adentro, encontrar la salida ya era mi responsabilidad. Como muchas veces en la vida, uno depende de uno.

Los primeros minutos fueron a toda energía, como quien corre el tren que acaba de llegar a la estación, y no quiere perder.

Pero la salida no aparecía.

Los minutos se transformaron en horas, y luego en días, hasta que cansado me senté en un banco. Y ahí empecé a preguntarme:

¿Qué me embarcó en esta loca y agradable aventura?
¿Qué vi que me enloqueció, me mareó, y me hizo perder en el laberinto?
¿Por qué la claridad inicial se fue nublando con el paso del tiempo?
¿Por qué la calma, llevó a la tormenta, al tsunami de emociones, y luego nuevamente a la calma para desembocar en una niebla confusa?
¿Qué creí necesitar que hallé y me hizo sentir cómodo, confortable, contenido, y entendido?
¿Qué proyecté, qué imaginé, o qué soñé para despertar y no poder reconocer?
¿Cuántos pasos de más dí que me alejaron, y luego me acercaron, para volver a alejarme?
¿Cómo fue que el día soleado se transformó en lluvioso, que me mojó, y me borró del lugar en que supe estar?
¿Qué malinterpreté, que no supe entender o ver a su debido momento?
¿Por qué te acerqué y luego te alejé?
¿Por qué te invadí, asfixie, arrinconé, y te saque el aire?
¿Qué me confundió y me hizo mezclar el cariño y el afecto, el acompañamiento y el apoyo, el hoy y el mañana?
¿Por qué me siento con derecho a reclamar, cuando solo puedo pedir?
¿Qué necesito que no me atrevo a pedir, lo cual me lleva a esconderme detrás de un mal chiste?
¿Qué me hizo perder la paciencia, no respetar las promesas, no dejar pasar el tiempo, no manejar mi ansiedad?
¿Por qué ese imán físico perdió la fuerza, y lo que fue atracción ahora se alejó?
¿Por qué el vino que inicialmente acercó con su aroma y sabor seductor, ahora tiene un gusto salado?
¿Qué camino debo tomar para encontrar la salida, sin lastimar ni lastimarme?

Muchas preguntas, sin respuestas, mientras el tiempo transcurre y yo sigo sentado en el banco.

¿Y si todo se resume a seguir perdido en el laberinto de la vida, a disfrutar el momento, y cuando encuentre la salida con ella vendrán las respuestas?

Me quedé pensando, sin saber con quien compartir esta última pregunta. Solo estábamos el banco y yo…….