jueves, diciembre 27

DETRAS DEL ESCENARIO





La vida es una actuación donde vamos desarrollando los roles que nos toca enfrentar. Roles sobre los cuales no hemos tenido oportunidad de ensayar. Más bien es una actuación improvisada donde utilizamos la experiencia adquirida, y donde intentamos dar lo mejor de nosotros.

La obra se va desarrollando hasta que llega el final. No un final definitivo, sino mas bien el final de un acto, ya que la obra dura lo que nuestras vidas.

Entre acto y acto, el telón cae, las luces se apagan y detrás del escenario se da origen a la meta obra. Nuestra obra interior. Sin espectadores. Sin otros actores ni compañeros.
La soledad da paso a una obra unipersonal, o de a dos si queremos ser generosos y darle los créditos de cartelera también a nuestro yo interior.

En ese nuevo escenario, desnudos de presiones exteriores, frente a un espejo que nos circunda, nuestras verdades, miedos, fantasmas, y anhelos se reflejan sin censuras ni fastuosos disfraces.

Todo aquello que vivimos ocultando, negando o disimulando, cobra vida y nos enfrenta en combates despiadados a vida o muerte.

Vaya paradoja, tanto lo que nos puede salvar como lo que nos puede destruir, cual kriptonita personal, es la soledad temporal en la que estamos atrapados.
Aquellos que logran encontrar su equilibrio, de alegrías y llantos, de éxitos y fracasos, de esperanzas y desesperanzas, logran pasar al próximo acto.

Forjar ese nuevo personaje es parte del receso.
Encontrarnos a nosotros mismos en ese lapso abrumador de soledad, es la memorización del libreto.

Por eso en cada nuevo acto, o cada día de nuestras vidas, salimos a escena de un modo distinto, diferente.
Será mejor o peor dependiendo de lo que pudimos aprender detrás del escenario....

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