viernes, noviembre 2

UN VIAJE A LAS ENTRAÑAS DE LA TIERRA


 Todos los días transitamos de un lugar a otro, buscando llegar a nuestro destino.
Utilizamos diversos medios que se cruzan a nuestro alrededor para llevar a cabo semejante proeza.
Inciertos, antagónicos, incómodos y precolombinos. Así son los medios de transporte disponibles en esta ciudad de cemento, que todo lo atrae, que todo lo devora.


Algunos prefieren ir a lo seguro, a lo terrenal, a lo que les permita, aunque a escondidas, divisar un pedazo de cielo.
Otros más valientes, mas inconscientes, desean aventurarse en las entrañas de la tierra, y dejarse llevar por un impredecible destino.

Cual alimento invertebrado, dejamos que la lombriz mecánica nos devore, y nos pasee por los laberintos confusos de las profundidades mas inhóspitas.
Lugares comunes pero que vemos ajenos y desconocidos, y por los cuales zigzaguea este gusano de la tierra, van transitando frente a nuestros ojos.

En su interior, seres incrédulos y distraídos aguardan pacientes su destino.
Cada uno resignado al momento en que este rastrero ser, los expulse de su interior para que puedan continuar con sus vidas.

Rostros insatisfechos, cansados, que evaden la realidad del momento, protegiendo sus sentidos detrás de máquinas sonoras que perforan sus oídos, o escondidos por los efectos de un hipnotismo que los sacude mientras sus ojos permanecen fijos frente a una diminuta pantalla  que escupe señales y mensajes, único hilo conductor entre las profundidades y la superficie anhelada, y ante la cual ceden su razón y su emoción en busca de la verdad que los libere.

No se comunican entre si, ni para aunar esfuerzos para enfrentar tan sufrido momento.
Cuerpos que perdieron toda energía, tras mimetizarse con el entorno.
Cuerpos desganados y entregados a una vida pautada y previamente escrita.
Muertos vivos que deambulan con sumisión en mucosas y pegajosas paredes del húmedo lumbrícido.

De vez en cuando un rostro alegre pretende dar luz y calor al oscuro interior, pero suele ser expulsado, ya que no se permiten almas libres en este fondo de la vida.
No sea cuestión que un virus de vivir la vida se expanda en este remoto y profundo hoyo.

Con el paso del tiempo se va acercando el final de cada viaje.
Seguro habrá muchos más, ya que cuando uno esta en estado de alerta y búsqueda,  hay muchas estaciones por recorrer antes de arribar al destino deseado.

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