viernes, noviembre 16

LA JAULA





Grande o chica. De madera o de metal. Real o imaginaria.
Como sea, todos tenemos o hemos tenido una jaula donde nuestros sueños fueron encerrados, limitados, apresados, retenidos.

Cuantas veces hemos visto la vida detrás de los barrotes que contuvieron nuestros deseos, pasiones, anhelos.
Faltos de fuerza, o confundidos por una realidad inentendible, no forzamos la puerta, no derribamos los muros, no pedimos ayuda.

La jaula nos sirve de refugio de nuestras debilidades, incapacidades, miedos, donde la voluntad de caminar sobre el agua, donde la voluntad de volar con nuestro inanimado cuerpo, se encuentran ausentes como el agua en el desierto.

Los algodones, embusteros vendedores de humo, nos ofrecen un remanso de suavidad y recogimiento, amortiguando las penurias que se cruzan por doquier.
Como cristales finos y frágiles, nos movemos con el andar de una bailarina, sobre pisos seguros y conocidos.

Las jaulas se amontonan, en ciudades asentadas sobre pilares de barro, coronadas por grises y desconsolados cielos, donde las lluvias son lágrimas vacías de corazones duros e insensibles, incapaces de sentir, de amar, de desear.

Encierros no programados, donde la fuerza de la negación empuja para que los ojos y la mente se nublen con una visión distinta e irregular, que enmascaran al camino recto y seguro, en un interminable laberinto.

Vuelan las aves libres sobre el cielo azul, perdiéndose en las nubes de papel, lejos de sus primos terrestres que las miran y admiran, sin saber que las jaulas no perduran, a menos que uno las alimente con la desazón, la pérdida de la confianza, o la desesperanza.

Rebeliones internas, engendradas por la dubitación primate de una mente en ebullición, presionan sobre los gruesos barrotes, clamando por una libertad no comprendida, ni entendida, liberando endorfinas vitales que nos empujan a andar, a salir, a buscar.

Hubo un tiempo que las jaulas fueron reductos de pensadores, artistas, creadores, amantes, vivientes, y de todo ser desafiante del status quo.
Hubo un tiempo donde millones de ojos diferentes tenían una sola mirada, una sola visión, una sola comprensión.
Hubo un tiempo donde todos los idiomas hablados, escritos, pensados y soñados fueron traducidos al idioma mudo, único lenguaje entendible por marionetas del ayer, del hoy, y del mañana.
Hubo un tiempo donde el pensamiento único, era el no pensamiento, el no sentimiento. Hubo un tiempo donde la sorpresa de lo evidente, era no vidente, ciega, obtusa, limitada.

Pero como la arena que drena en un viejo y antiguo reloj, el tiempo pasa y todo lo cubre, y lo descubre. Madurez y experiencia dejan cicatrices y arrugas.
Y donde antes hubo encierros, jaulas, cárceles, el viento se filtra con aires de renovación.
Nada es igual, como el agua que fluye y no vuelve a ser.
Cuando las ataduras se rompen, y las jaulas se abren los espíritus salen a bailar…..

2 comentarios:

AP dijo...

Creo que son cada vez más las jaulas vacías -o en proceso de desocupación- y que los que las abandonaron "sin querer queriendo" son ese viento renovador que entreabre la puerta de las que aún están ocupadas. Pero la elección de salir a bailar y caminar sobre el agua es todo un desafío y, por sobre todas las cosas, propia. Me encantó tu post!

Humberto Calderón dijo...

Una situación tan cierta!! a veces vamos logrando liberarnos de una que otra jaula, pero en el proceso nos vamos metiendo en otras...buen post!