martes, octubre 2

¿PARA QUE VIVIMOS?





Se alinean los planetas en nuestra contra. Todo lo que puede salir mal, saldrá mal, como dicta una de las Leyes de Murphy.
La desazón y el desconcierto se apoderan de uno, y nos golpean con un fuerte uppercut en el mentón, transformando nuestra cabeza en una gran coctelera.

Nuestras piernas se aflojan, y nuestra mente se nubla. Se acerca el knock out. No hay nada que lo detenga.
Y mientras vemos como se desmorona todo a nuestro alrededor con nosotros incluidos, nuestras fuerzas ceden para entregarnos a los brazos del fracaso y la mediocridad, relajando nuestra mente y quitándole todo tipo de reacción, embriagada por un aire de resignación.

Cuando pensamos que esta todo perdido una voz casi sin fuerzas nos pregunta, “¿para que vivimos?”.
Mareados, sin fuerza para pensar soltamos, o mejor dicho, balbuceamos lo único que se nos cruza: “no sé”.
La voz vuelve a preguntar con un tono más alto, más enérgico; “¿para que vivimos?”.
Tomamos una bocanada de aire, y con unos segundos más para pensar respondemos; “para cumplir con un mandato”.

Luego un silencio que parece durar una eternidad.
No sabemos si ya hemos caímos al fondo, o seguimos flotando, pero no tenemos tiempo de descubrirlo ya que nuevamente la voz, pero ya con un tono enojado, fuerte, e impaciente nos vuelve a preguntar; “¿para que vivimos?”.
Esta vez sentimos como un shock eléctrico en todo el cuerpo. Un sacudón de las entrañas. Una bofetada al alma.

Y ahí empezamos a reaccionar.
Al principio con una voz todavía debilitada, pero que nos permite decir; “porque tenemos la oportunidad. Porque queremos disfrutar y ser felices”.

Seguimos animándonos, y nuestras fuerzas empiezan a aparecer, “y porque queremos vibrar, sentir, y disfrutar. Porque queremos compartir, estar y andar”.

Otra vez la voz vuelve a preguntar con un tono alentador que nos eriza la piel; “¿para que vivimos?”.
Y mientras nos ponemos de pie, y sentimos que nuestros músculos se van convirtiendo en columnas de hormigón, respondemos con la música del Hakka y golpeándonos en el pecho; “porque queremos reír y llorar. Porque queremos amar y soñar. Porque queremos dejar nuestra huella en este mundo”.

Levantamos la cabeza, y miramos con nuestros ojos fijos y llenos de confianza al futuro, mientras nuestra voz pasa de un ritmo Allegro a un Presto, a la vez que nuestro cuerpo vibra, y la intensidad de nuestro espíritu hace estallar los vidrios del lugar.
Y agregamos; “porque queremos desafiar al destino, y navegar hacia nuestro norte aunque los vientos no nos sean favorables. Y porque tenemos puertos por llegar y logros por alcanzar”.

Y nuestra intensidad sube, y contagia. Ya podemos ver a nuestro alrededor como otros se han levantado, y nos siguen, y también responden a esa pregunta profunda que no nos dejó caer; “¿para que vivimos?”.

Pero ya no logramos escuchar nuestra respuesta, ni la de los otros. Solo un murmullo arrollador, que avanza y no se detiene. Que destruye a su paso a los fantasmas del desanimo y la mediocridad.
Y el clamor avanza, y ya no son pocos.
Son todos aquellos que decidieron exprimir esta vida que es única, para sacarle todo el jugo y más.

Y mientras avanzan, las huellas se multiplican, y el destino pierde el control. Ya no dirige, no maneja, no controla.
Cada uno decide por donde ir, que camino tomar, que sendero emprender.
Y ya no se preguntan, “¿para que vivimos?”, ahora viven……

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