martes, octubre 16

EL BOSQUE IMAGINARIO





Detrás del jardín donde se pierde la vista, cruzando el arroyo que todo arrastra.
Ahí donde esta el bosque al que nadie se atreve a visitar, existe un mundo imaginario donde todo es posible, hasta el sueño mas deseado.

Algunos lo miran con terror, no quieren descubrir de lo que son capaces y prefieren mantener el status quo de una vida singular. O sea simple e insulsa.
Tampoco quieren descubrir sus más feroces temores internos.

Otros lo miran con escepticismo como no creyendo que es posible que lo imaginario se vuelva real, y lo real se torne imaginario.
Pero hay quienes desafían la gravedad que los atrae a la monotonía, y se largan a recorrer el bosque buscando nuevos mundos.

No todo es magia. No todo es inverosímil. No todo es fantasioso.
La realidad también se esconde en el bosque, pero cuesta distinguirla, encontrarla, vivirla. Sabe camuflarse muy bien detrás de emergentes sueños de los cuales no queremos despertar.

Dicen que la mejor forma de recorrer el bosque es dejando la mente en la entrada, y que solo nos guíe el corazón. Al parecer  la razón y las emociones no se llevan bien juntas en ese entramado de árboles y maleza, donde la mayoría termina perdiéndose en el mar de la locura.

Hubo gente que intento trazar un mapa para recordar la salida, o para viajes posteriores, pero nadie ha sabido de que lo hayan logrado.
Dicen que los mapas que se dibujan en el bosque cobran vida propia, y que cambian constantemente el recorrido para que los secretos que allí se esconden no puedan ser jamás encontrados.

Es difícil precisar la existencia de dicho bosque. Los testigos encontrados confunden su existencia con sueños.
Sueños de momentos inolvidables y también olvidables.
Sueños de alegrías interminables y de tristezas inconsolables.
Sueños de futuros promisorios y de fracasos inevitables.
Sueños que se transforman en pesadillas, y de pesadillas que devienen en sueños.

Mucho se ha escrito y también leído. Relatos indescifrables sobre un lugar indescifrable.
Científicos, investigadores, escritores y poetas. Todos en algún momento han querido hallar vestigios de su existencia.
Todos detrás de una carrera alocada del santo grial, de la fuente del conocimiento, del paraíso terrenal.

No mentiría si sostuviese con firmeza, lo que muchos consideran un mito urbano; que dicho bosque imaginario se ha cobrado muchas vidas y muchas mentes. Y que por las noches se escuchan los gemidos y rugidos de las almas en pena, que deambulan por ahí.

Jeques ultra millonarios han ofrecido todas sus fortunas como recompensa a quien haya sobrevivido a dicho bosque, y les pueda contar de sus encantos embriagadores.
Cualquier tesoro de este mundo es una simple moneda comparado con lo que ese bosque imaginario esconde.
Aún sigue la recompensa en pie.
No se sabe si tal ser no existe, o si existe, sino desea compartir su incomparable tesoro.

Dicen que la verdad tal vez se encuentre en la inocencia de un niño, o en las vivencias de un anciano. O tal vez en la simbiosis entre ambos.
Puede ser, pero la respuesta tal vez la cuente en otro momento.

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