jueves, septiembre 27

LAS CUATRO ESTACIONES


Primavera; tiempos de conocer, tiempos de amar, tiempos románticos, tiempos de juventud, tiempo de amigos.

Renace nuestro espíritu después de su etapa fría y distante. Los músculos se vuelven a mover, torpes al principio, ágiles después.

Retomamos asuntos postergados impulsados por la energía que irradia un sol con calor emergente.

Lentamente las sonrisas vuelven a los rostros, desalojando el rigor mortis que en el pasado nos acompaño.

Se renueva la esperanza de un nuevo cambio por venir.

Verano; tiempos de fuego, tiempos de pasión, tiempos de playa y montaña, tiempos de alegría y furor.

Dejamos de ser nosotros para dejarnos llevar por un empuje irresponsable que solo quiere jugar, divertirse, y que huye espantado frente al fantasma del status quo.

Es un paréntesis a la madurez y al compromiso, donde lo efímero es ley y lo perdurable disturbio.

Nos enfrentamos con el país de Alicia con su principio y su final.

Otoño; tiempos de remanso, tiempos de plenitud, tiempos de pensar, tiempos de evaluar, tiempos de madurez.

La vida tiene otro sentido, otros plazos, otro devenir.
Nos prepara a nuestra realización, mientras las hojas de nuestra historia caen para dejar paso a quien somos.

Aventurados en un camino que todavía se puede transitar, recorremos los últimos metros del tan deseado destino.

Aquello que nace perdura, ya que se forja con una aleación de sensaciones profundas.

Invierno, tiempos de inventario, tiempos de reflexión, tiempos de parar y de esconder, tiempos de quietud.

Nos paralizamos en un estadio de sabiduría y control. El gris escenario que acompaña, presenta una obra teatral de actores inmóviles que comunican con sus mentes.

Vamos llenando nuestras alforjas de proyectos por realizar, esperando juntar las fuerzas que nos impulsen a andar.

Vivimos en coma esperando la resurrección, como un volcar inactivo que prepara su erupción.

Y el ciclo termina y comienza, y otro año por andar, en esta vida que es nuestra y la debemos aprovechar.

martes, septiembre 25

PALABRAS


Palabras que recito en un entorno abierto, que se pierden sin destino, y sin llegar a buen puerto.

Palabras absurdas y vacías, llenas de un veneno mortal, que hieren a quien se cruza y solo causan mal.

Palabras cortas y profundas, con mensajes por descifrar, encierran verdades simples que tus ojos harán brillar.

Palabras con eco, que repito una y otra vez, como queriendo cambiar una realidad que no logro plasmar.

Palabras cinceladas en la piedra que no me atrevo borrar,  esperando que con el tiempo las pueda superar.

Palabras que he copiado ya que no las supe inventar, para transmitir mis sueños ocultos, sin lograrlos despertar.

Palabras fuertes y ruidosas que han querido sacudir, la modorra de los blandos que no saben como vivir.

Palabras eternas como la verdad, que nunca pierden vigencia aunque las usemos mal.

Palabras dulces y amorosas que he pronunciado para conquistar, a corazones duros y lejanos buscando a quien amar.

Palabras humanas y comprensivas para poder ayudar, a aquel que se nos cruza en la vida y con algo para contar.

Palabras que aun no terminan, y que pueden continuar, no siempre se dice todo, y guardo lo mejor para el final.

lunes, septiembre 3

¿DONDE ESTAS?


Te busco y no te encuentro.
Revuelvo los estados de ánimo de mi vida, escondidos en el arcón de los recuerdos, donde los deliciosos olores de tu perfume, apenas persisten en ropas de otra época, que supieron vestir nuestros encuentros.

Te busco y no te encuentro.
Doy vuelta a las páginas del libro que supimos escribir con momentos inolvidables, intensos y entrañables, pero que el paso del tiempo ha envejecido la tinta que nos acompaño.

Te busco y no te encuentro.
En reuniones multitudinarias, con gente de distintas edades y personalidades, chocándose entre si, confundidas por sus propios yo's, y escapándole a una realidad que inevitablemente nos circunda.

Te busco y no te encuentro.
En la cima de una montaña, o en el medio de la selva, donde suele pasearse las almas intrépidas e indomables, siempre desafiando a la equilibrada fuerza de gravedad que nos ata a nuestro mundo.

Te busco y no te encuentro.
En los rostros de las mujeres con quienes me desperté, después de noches de viajes soñados y difusos, donde pasiones alocadas y ciegas, dieron lugar a  risas y llantos.

Te busco y no te encuentro.
Recorro mi pasado, mi presente y mi futuro. Abro la puerta al destino desconocido e incierto, desestructurando mi hoy, para no negar ni desechar cualquier vestigio de tu ser, de tu presencia.

Te busco y no te encuentro.
Detengo el tiempo en el ahora, para darme segundos de más, que me permitan verte, tocarte, oírte.
Paralizo el andar para que tu agilidad no me siga dejando atrás, sin perder la esperanza de alcanzarte.

Te busco y no te encuentro.
Detrás de esa copa de vino que libera mi espíritu adormecido por una rutina atrapante e indeseable, que me retuvo hasta casi perder mi identidad y transformarme en mi anti yo.

Te busco y no te encuentro.
En el sonido de una melodía que adormece mi culpa infundada por no permitirme vivirte, sentirte, disfrutarte, como quien se priva del bien por miedo a sentir más de lo que puede sobrellevar.

Te busco y no te encuentro.
Como la vela depende del viento para mover a la embarcación que firmemente va en busca de su norte, pilar de su existencia, motivación de su accionar, soportando tempestades que no lograran quebrar su meta.

Te busco y no te encuentro.
Tal vez porque no quiero volver a sufrir tu presencia no correspondida, la cual se conforma con un simple hola, sin atender a un cálido abrazo, refugio de mis deseos más profundos para con vos, fuente e inicio de un despertar de vida desconocido.

Te busco y no te encuentro.
Ya se que no te voy a encontrar, y aunque me duela, deberé seguir hacia adelante mientras vos te deje atrás....