lunes, junio 25

OJOS



Ventana a la vida del recién nacido. Pantalla universal de todo ser viviente.
Reflejo implacable de los misterios que encierra nuestra alma.
Faro que guía nuestras alegrías y tristezas.

Los ojos nos acompañan en todo nuestro trayecto y son testigos irrefutables de lo que a veces nuestra mente y nuestro corazón no se animan a aceptar.

Ojos color café que nos recuerdan nuestro primer encuentro, así como el ultimo.
Ojos color cielo que alumbraron nuestra vida de momentos inolvidables.
Ojos color esmeralda sinónimo de una riqueza esquiva e inalcanzable, que supo evitarnos.
Ojos color ámbar que pasaron como un rayo por nuestra vida, pero que dejaron su marca caliente en nuestro corazón.
Ojos color el tiempo, indefinidos, cambiantes, adaptativos. Siempre presentes. Siempre inquietantes. Simplemente eternos.

Las miradas nos hablan en el lenguaje de los ojos. Un lenguaje internacional sin distinción de edades, credos, o razas.
Son la expresión misma de nuestras emociones encarceladas y custodiadas por el ogro de las mil cabezas, la razón.

Son la puerta al alma, al corazón.
De ellos emanan una sangre clara y pura, por efecto de heridas, por efecto de alegrías, por efectos inentendibles.

La ceguera física es terrible, pero fortalece y da fuerza al resto de los sentidos para que ocupen su lugar.
En cambio, la ceguera de la mente y del corazón no tiene cura, ya que nos debilita hasta que nuestro cuerpo se consume como leña sin brasa, sin calor, sin vida.

Dejemos que los ojos vean.
Dejemos que los ojos se asombren.
Dejemos que los ojos  se expresen.
Dejemos que los ojos nos guien.
Dejemos que los ojos aprendan.
Dejemos que los ojos sueñen, lloren y rían.

En síntesis, dejemos que los ojos vivan....

1 comentario:

Lhurgoyf dijo...

Pero no todos los ojos ven, ni todo lo que ven los ojos es cierto. Aveces una mirada nos atrapa para siempre en su gran destello donde por dentro de esa ventana vemos un alma que deseamos encontrar; otras tantas veces podremos encontrar ojos vacíos que solo reflejan lo gris que ellos perciben el mundo, sin expresión, sin vida, como de alguien que ya partió peor por alguna razón zombífica sigue en pie, ojos tan mágicos, y tan misteriosos.