viernes, diciembre 23

TODO FLUYE


Atrapados en la represa dejamos los sentimientos inmóviles,
Nuestros actos se desdibujan contenidos por una mano invisible,
Que no nos permite ser nosotros mismos, auténticos,
Que hace que quienes nos rodean no lleguen a conocernos.

Solo hilos de agua escapan por los conductos permitidos,
El resto permanece en fila india, previamente ordenada,
Esperando el turno de poder salir, de poder fluir,
Pero sin la espontaneidad del agua río abajo.

El tiempo transcurre, y los momentos se pierden,
El tiempo es finito y por eso la pérdida se potencia,
La resignación es el peor enemigo para esta situación,
La rebelión y sacudir la estantería la solución.

Toda rigidez puede tener principio y final,
Solo hace falta una fuerza que produzca el cambio,
Una mezcla de fuerza interna y externa,
Una simbiosis de actitudes de cambio y de disfrute.

Finalmente la presión no se soporta y el dique cede,
El agua poco a poco empieza fluir, a escapar,
Primero un hilo más grande, después un torrente,
Ya nada será como antes, ahora a explorar río abajo.

Las aguas navegan por nuevos surcos, ignotos,
En su camino se juntan con otros cursos de agua,
Todo se entrelaza, todo se mezcla, todo se hace uno,
Y la nueva fuerza que se genera jamás podrá ser frenada.

Esos hilos de agua ahora se unen formando deltas,
Dedos extendidos que le tienden una mano,
A aquel que hace poco se hundía en la confusión,
Rescatándolo y devolviéndolo a su verdadero curso.

Todo fluye, todo sigue su nuevo curso migratorio,
En frente está el océano, la inmensidad, el futuro,
De lo que fue queda esencia, memoria, recuerdos,
Adelante solo queda una deliciosa y apetecible aventura……

lunes, diciembre 12

LEVAR ANCLAS


El buque estuvo amarrado durante mucho tiempo. Nadie tiene memoria de cuando fue la última vez que se hizo a la mar, pero si recuerdan lo imponente de sus viajes.
Tuvo la oportunidad de recorrer diferentes puertos del mundo. Cada viaje era una aventura inolvidable, llena de momentos memorables.

Enfrentó tormentas en medio del océano, y también mares calmos que permitieron un disfrute interminable.
Sus viajes fueron finamente planificados, sin dejar nada librado al azar. Por eso, cada viaje era predecible. Tal vez eso fue el inicio del final.

Cada destino, cada puerto, era un objetivo alcanzado sin mucho esfuerzo, y por ende no generaba ningún tipo de satisfacción especial.
Los pasajeros quedaban contentos, más no sabían de las alternativas que quedaban en el olvido de un futuro muy estudiado.

Año tras año se repetía lo mismo, hasta que algo cambio. Ya no había gente que buscaba lo previsible. Había cambiado la tendencia. La seguridad y la previsibilidad no eran el nuevo paradigma. Ahora la emoción de lo desconocido era el nuevo norte.

Poco a poco los habitúes del buque dejaron de viajar, y la decisión fue cantada. El buque quedó anclado en el puerto sin futuro aparente.

Los intentos por devolverlo a las aguas de la vida fueron en vano. La falta de interés por un recorrido conocido no generaba ningún tipo de motivación.
Y poco a poco las máquinas del buque se fueron oxidando. La sangre que recorría las arterias de ese gigante de metal se fueron secando, dando lugar a un estancado residuo salado más propio del olvido que de un cuerpo viviente.

Pero los vientos cambian, y cuando soplan en la dirección favorable se producen cambios.
Siempre hay mares y lugares por descubrir. La embriaguez de navegar en el tormentoso océano es difícil de eludir, y los intentos por escapar son vanos. Sus múltiples brazos, como los del pulpo de las grandes profundidades, nos envuelven y nos invitan a una nueva oportunidad de vida.

Y cuando nos queremos dar cuenta las máquinas oxidadas vuelven a brillar, y a funcionar a todo vapor.
El horizonte se presenta como un incierto y atrapante desafío, y el grito de leven anclas retumba con alegría en el alma del buque……