miércoles, noviembre 16

EL ESPEJO



¿Somos quienes somos, quienes decimos ser, quienes intentamos ser, o somos como los demás nos ven?
En este acertijo de cuestionamientos concientes o inconcientes, tratamos de buscar coherencia en nuestro comportamiento en una vida que transcurre con situaciones cambiantes, que nos fuerzan a actuar a veces con tiempo para pensar, y otras veces a reaccionar.

Buscándonos a nosotros mismos, nos paramos frente al espejo, reflejo de nuestro verdadero yo. La incertidumbre nos abraza, y nos sorprende con lo que llegamos a encontrar.

Reflejamos una imagen distorsionada, irreconocible a primera vista. Nos sobresalta una persona diferente, ni opuesta ni idéntica a uno. No lo reconocemos, o no lo queremos reconocer.
Un ser libre de ataduras y responsabilidades que dejo olvidadas del otro lado del espejo. Envidiamos su sonrisa, más no su soledad y falta de compromiso ante la vida.

No conforme con lo visto sacudimos el espejo para que cambie su reflejo, quedando esta vez enfrentado a otro espejo igual.
Nuestra imagen se multiplica hasta el infinito, lado a lado, alejándose y perdiendo en cada repetición una gota de su esencia.
La última imagen que logramos captar guarda poco del original. Es un yo que se va adaptando a cada lugar, pero sin dejar huellas a las cuales se quiera seguir.

Otro giro del espejo, nos devuelve una perspectiva diferente. Esta vez más pequeña que el original. Una silueta encogida por la presión, y atrapada en una dimensión plana y espejada.
Su incomodidad manifiesta, no pasa desapercibida ante nuestros ojos, y movemos el espejo para terminar con su sufrimiento.

Como los extremos se atraen, ahora el personaje se explayo a lo largo y a lo ancho del espejo. Su soltura le permite moverse con comodidad y desparpajo, pero no tiene la gracia ni el cuidado en sus movimientos, torpes y destructivos, cual elefante en un bazar.
Queriendo evitar mayor destrucción pateamos el espejo que se vuelve a acomodar.

Esta vez no vemos ninguna imagen, solo el reflejo de la nada. Un vacío existencial de quien no se anima a mostrarse por miedo a defraudar, o a ser descubierto.
El profesional del engaño sin una personalidad para descifrar.
O tal vez su mayor miedo sea abrirse al mundo y vivir.

Seguimos buscando el ángulo indicado para que el espejo nos devuelva quienes somos. Una proyección real de nuestro yo escondido. El auténtico, que con sus defectos y virtudes no podrá satisfacer a todos, pero si a quienes sabrán disfrutarlo.

El espejo nos devuelve una imagen simétrica, virtual, y del mismo tamaño. El problema no es el espejo sino nosotros cuando solo vemos lo queremos ver.

La gente se para frente a nosotros, y nuestros ojos actúan como espejos. Nosotros le devolvemos lo que ellos son, como si fuéramos espejos.
Los analizamos, criticamos, evaluamos, premiamos, etiquetamos, y muchas cosas más.
Discriminamos estereotipos que no se adecuan al status quo, llegando a veces a una crueldad que supera la lapidación.

Si tan solo pusiésemos esfuerzo en transformar a nuestros ojos en lectores del alma ajena, podríamos observar un reflejo nuevo. Un reflejo que un espejo no nos podría mostrar, pero que nos abriría un campo de disfrute imposible de imaginar a priori.

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