jueves, septiembre 15

QUE BAJON MAN…….!!!!


Quien no ha tenido un día con el ánimo por el piso, donde cree que todo se le viene encima. O que le ha agarrado un panic attack difícil de enfrentar.
Creo que a todos alguna vez nos ha pasado, más allá que lo queramos reconocer privada o públicamente.
Bueno, hoy hablaremos de eso, y de sus variadas expresiones.

Suena el despertador. Nos fuimos a acostar torturados por una situación que no sabemos, no queremos, o no debemos enfrentar.
La cama se transforma en algo inmenso. Nos atrapa. No nos deja escapar. Cada salida esta a kilómetros de donde estamos.
Las sábanas se convierten en pulpos que nos atrapan y nos enroscan en sus tentáculos.
Si logramos superarlos, inmediatamente mutan en un ser seductor, que con engaños y palabras empalagosas son invitan a quedarnos un rato más. La idea es no salir de la cama para evitar la realidad que nos asusta.
Finalmente logramos conectarnos con la fortaleza de Ulises para escaparle al canto de las sirenas, y decidimos afrontar la vida, con sus pros y sus contras.
Una vez que vencimos al bajón, seguimos adelante, aunque él nos siga de cerca y nos aceche.

Un nuevo proyecto. Un gran desafío se nos plantea en la vida. Con el pechito argentino avanzamos.
De pronto las cosas no salen como las planeamos, entonces a la vuelta de la esquina aparece el acosador, el bajón.
Nos empezamos a plantear que nada nos saldrá bien, que el universo se ha complotado para que todos los meteoritos de la galaxia decidan virar con destino final de colisión, nuestro humilde e insignificante ser.
Nos creemos en ombligo del mundo, pero como víctimas, pronto a ser desintegradas por dichos asteroides.
Ahora es la fuerza de Flash Gordon la que nos ayuda a combatirlos y salir nuevamente airosos.

Salvo que terminemos con medicación o internados, como seres humanos tenemos las herramientas para superar los bajones.
Ahora, como enfrentamos los bajones cada uno da para escribir un libro.

Tenemos al superado. Nada lo afecta. Ante la adversidad cara de póquer. Como aquella novia abandonada ante el altar que declaró, “él se lo pierde”.
Dicen que en la soledad de su casa, cierra la puerta de su casa, se toma una botella entera de Don Perignon, de las tantas que compró para el casorio, y con el vestido de novia puesto se queda llorando hasta desmayarse en la cama.

No nos olvidemos de la víctima. El mundo entero está en su contra, y se lo hacen ver. Y si no se lo hacen ver, nuestra víctima lo ve, lo intuye. Son poderes que tienen.
Todas las mañanas desayuna los cereales “Porque a mí”, a pesar que el fabricante puso una leyenda de advertencia en el paquete; “cada uno será responsable de lo que coma”.
A la larga, el aprendizaje, y la realidad le irán mostrando que no existen las víctimas, sino aquellos que deciden cargar una mochila pesada, y quienes deciden llevar lo necesario.

Después vienen los negadores. Cara de piedra, corazón de amianto, mente de metal. No sienten, no expresan, no nada.
Ponen ladrillo sobre ladrillo como defensa de aquello que los pueda bajonear.
El único contento es el médico que tendrá que atender los efectos que sobre el cuerpo generarán la negación de un sufrimiento natural, que bien manejado le permitirá crecer.

No nos olvidemos de los sociales. Aquellos que el bajón les agarra en conjunto. Se unen para contar, encontrar sus penas, y aprovechar la situación para aguarlas con unas gotas de alcohol, y porque no con un porrito.
Solos, no se animan ni a mirarse al espejo, pero en grupo asumen su bajón ya que el mismo se siente acompañado.

Después están los pastilleros. Son los que recurren a cualquier fármaco, incluido el amigo de las flores, Bach, no el de las sinfonías, para solucionar sus problemas.
Tienen una farmacia, ideal para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero. Cada pastilla para una ocasión diferente.

Tampoco me quiero olvidar de los espirituales. Seguidores de distintas creencias, dedican con fervor sus bajones como sacrificios, sin entender que les pasa, pero creyendo que por alguien y para alguien será.
Delegan la solución de sus estados de ánimos en un poder superior, sin darse cuenta que el poder lo tienen ellos.

Hay muchos más, pero para muestra basta un botón. El bajón en algún momento te agarró, te agarra, o te agarrará. Vivilo, no muerde, pero no te estaciones en él.
Vivirlo y superarlo te dá la experiencia y fuerza para disfrutar de la vida.
Probalo…….

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