martes, agosto 23

EL MUNDO ES UN ESCENARIO


Sale el sol, y se encienden las luces del escenario global. Los seres humanos de desperezan, y comienza la función.

Roles definidos e indefinidos se entrecruzan en la actuación diaria de la vida.
Personajes alegres y tristes. Papeles simples y profundos, principales y secundarios. Actores profesionales y aprendices.

Todo se puede ver en esta puesta en escena donde no hay libreto ni director.
La actuación es libre, sin condicionamientos. Sale lo que surge, sin preparación, sin guión, sin práctica.

Como las manos del alfarero vamos dándole forma a la arcilla de nuestra vida actoral, viviéndola, sintiéndola, compartiéndola, sabiendo que somos artífices de nuestro destino.

Nuestra obra maestra tardará en aparecer. Se va armando de pequeñas actuaciones, de frases, posturas, y momentos.
No es una obra aislada. Es una concatenación de eventos, que sin un hilo conductor, nos van llevando a construir nuestra historia.

A lo largo de nuestra vida vamos mutando de personajes, acomodándonos a los tumbos a una realidad que se nos presenta y que como en una pista de hielo, nos invita a patinar sobre ella.

Comenzamos como actores solitarios en un escenario compartido. Vamos eligiendo parejas que nos permitan interpretar la pieza que en ese momento decidimos actuar.
A veces son actuaciones largas con la misma persona, donde el final se pierde en el horizonte de nuestras vidas.
Otras veces nos equivocamos de guión y debemos volver a empezar.

Como todo actor hay que acostumbrarse a ponerse en la piel del personaje.
Momentos tristes, momentos alegres. Para cada uno debemos sacar de adentro nuestro, el carácter que mejor los represente, aunque no siempre nos ganemos los aplausos por nuestra actuación.
Es muy fácil confundir roles en este escenario de la vida.

Sabemos que el otro y los otros son exigentes, como debe ser un público que presencia la vida de los demás.
Pero es un público participativo, que puede si quiere y si lo dejamos, subirse al escenario a participar de nuestra obra, darle su impronta y potenciar la actuación, acompañándonos hasta que caiga el telón.

Muchas veces, desconfiando de nuestras capacidades, tomamos papeles prestados creyendo que de esa forma alcanzaremos la gloria, la fama.
Pero son actuaciones efímeras, sin esencia ni contenido. Vacías de todo espíritu que suelen desintegrarse en el escenario como castillos de arena.

La obra de la vida avanza. Algunos van perdiendo fuerza. Caen derrotados, y asumen papeles mediocres, resignándose a actuaciones descoloridas sin mensajes para transmitir.

Otros siguen luchando. Sobrevivientes de la vida que no quieren ser controlados, sino ser su propio timón en el mar de la esperanza.
Actores de raza, esforzándose por conseguir el papel principal de su obra maestra, esa obra que los acompañará durante toda la vida.

Por eso amigos, hay que dejar todo sobre el escenario. Con aciertos y errores hay que seguir, y estar preparados para cuando finalmente caiga el telón de la vida.Y en la despedida final escuchar los aplausos en reconocimiento a lo que hayamos dejado durante nuestra actuación, o sea nuestro legado…….

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