domingo, marzo 20

Y UN DIA LOS HOMBRES DESAPARECIERON


Esa noche ninguna se puso de acuerdo, pero el sentimiento fue unánime. No se ha podido unificar ni las razones y ni las causas, pero todas se fueron a dormir con un solo pensamiento cargado de enojo; “que desaparezcan los hombres de la faz de la tierra….”.

Un deseo tiene fuerza, pero cuando se unen millones de deseos iguales, los mismos generan vida propia, y ocurren.
Así fue como el amanecer del día siguiente fue diferente. Ya no había hombres.

Primero fue la sorpresa. Luego fue la realidad.

Mujeres dominadas, sumisas, corriendo desesperadas sin saber que hacer con su libertad. Quien les diría que hacer. Como encontrarían el pensamiento propio.

Feministas marchando en fila, con el pecho (¿busto?) inflado, y con paso marcial sonreían a todos aquellas mujeres que se les cruzaban, disimulando la tristeza del final de una batalla la cual en el fondo no deseaban terminar.

Las histéricas desconcertadas al haber desaparecido la razón de su existencia. Que harían con sus eternos cambios de ánimos. Perderían esa volátil capacidad, se preguntaban sin encontrar respuesta.

Por otro lado las ejecutivas no se molestaban en analizar la situación. Solo se ocupaban de sus nuevas funciones, ahora con un sueldo igualitario al de los hombres, aunque por lo bajo se preguntaban si al no haber más hombres realmente podían decir que ahora ganaban igual que ellos.

Los casos seguían.
Las amantes se habían juntado en una esquina a compartir su angustia. Tanto amor para dar, y nadie para recibir. Cuantos lechos calientes por la noche, empezaban a enfriarse.

Las amas de casa, luchadoras incansables y pilares de la familia, no sabían a quien esperar con la comida caliente a la hora de la cena. Con quien compartirían una charla amena sobre los hechos del día.

Pobres, las melancólicas cerraban sus diarios personales con muchas hojas en blanco por escribir, pero sin historias para recordar. Donde encontrarían ahora una razón para poder llorar en soledad.

Las ancianas esperaban en el portal de sus casas sin saber ahora con quién salir a caminar de la mano para recordar una vida en pareja, llena de recuerdos y vivencias.

Las jóvenes, inexpertas, sin haber tenido nunca la oportunidad de conocer su primer amor, se miraban incrédulas, tranto de imaginar de cómo sería un primer beso.

La compañera, aquella siempre presente, con la capacidad de la palabra, la mirada o el gesto justo. Sabiendo cuando amar o cuando callar.
Una ola de soledad las invadió y paralizó sin saber como encarar esta nueva realidad.

Las niñas eran quienes menos entendían. Ya no tenían a aquel molesto ser que siempre corría detrás de una pelota, rompiendo la tranquilidad de sus recreos, momentos de secretos y picardías. Pero también sentían que la capacidad de sonrojarse había volado junto con esos “chicos brutos”.

En otra punta, desoladas, lloraban las madres. Siempre con un corazón equilibrado entre el amor a sus hijos varones y mujeres, ahora inclinado hacia el vacío.

Finalmente decidieron formar un grupo de exploración para ir en búsqueda de los hombres. Se habían dado cuenta que con sus vicios y virtudes, los hombres eran su complemento.

El grupo caminó días, meses. Cruzó océanos, mares y lagos. Escaló montañas, atravesó selvas y pantanos.
Finalmente encontraron los primeros rastros. Envases de cerveza tirados. Luego calzoncillos y medias. ¡Estaban cerca!

Al llegar a la cima de la siguiente montaña los pudieron divisar. Estaban todos reunidos, tomado alcohol o jugando a las cartas. Otros hipnotizados frente al televisor viendo el partido del domingo.
Nada parecía afectarlos, ni preocuparlos. Se diría hasta que parecían felices. No parecía….¡eran felices!

El grupo se miró. No hubo falta esbozar ninguna palabra. Con el cansancio de la derrota dieron media vuelta y retornaron para no volver.......

1 comentario:

Anónimo dijo...

colo sencillamente perfecto! un abrazo Juan