martes, marzo 29

LA SOLEDAD


Hay dos formas de soledad; la física y la emocional. La primera es más notoria a simple vista. La segunda no es tan visible, ya que muchas veces la ocultamos.

Considero que el ser humano por naturaleza es sociable, y necesita vivir acompañado. Lo difícil es buscar esa compañía, ya que debe ser un complemento, no un estorbo. Por tal motivo muchos deciden estar solos física y emocionalmente, aunque como esta última es antinatural, desde mi punto de vista, no terminan siendo felices.
Tal vez lo planteen como una situación deseada y superada, pero interiormente deben seguir buscando la compañía que los complemente.

No hay que confundir los momentos de soledad que uno busca, donde uno puede disfrutar de estar con uno mismo, con la soledad como musa de pensamiento y miradas profundas.
Considero que hace al enriquecimiento interno estar solo de vez en cuando, y poder tomarse su tiempo para hacer lo que uno quiere sin estar dando explicaciones.

Es cierto que hay gente que no puede estar ni un momento a solas. Será que tienen miedo de enfrentarse consigo mismo, y encontrarse que no tienen nada, o que su vida interior está vacía. Eso los hace dependientes, y saltan de relación en relación cuando se empiezan a quedar solos.

También nos puede suceder que a pesar de no estar físicamente solos, sintamos una soledad interna como causa de no conseguir ese complemento que tanto necesita el ser humano.
Esto también nos sucede en reuniones donde no nos sentimos cómodos con el resto, y nuestra mente empieza a vagar en busca de un refugio de soledad que nos permita escapar de ahí.

¿Cuantas veces hemos escuchado el famoso cliché; “más vales solo que mal acompañado”? ¿Es real esta afirmación, o solo un paliativo que intenta reconfortar una soledad que nos alcanza?
Obviamente que nadie va a estar con alguien que no lo complementa, pero de ahí a dejar de buscar es otra cosa.

Supongo que la soledad más triste debe ser cuando uno pierde a su pareja de toda la vida, y debe empezar a lidiar con la soledad del día a día. Es cierto que hay otros seres queridos que pueden querer llenar ese espacio, pero no alcanza. ¿Será por eso que muchas parejas mayores, cuando muere uno, al tiempo también muere el otro? ¿Será que la tristeza lo va llevando a dejarse morir?

Pero para no ser dramático, también existen situaciones agradables como cuando uno vuelve de un viaje, y se reencuentra con la gente que quiere. Después de un tiempo en soledad, forzada o no, llega el recuentro y el confort de la compañía.

Tal vez por ahí podemos empezar a buscar la solución a la soledad no deseada, recuperando aquello que queremos, que amamos.
La búsqueda puede partir de cero, o ser un redescubrir de aquel a quien habíamos perdido u olvidado. A veces corriendo el árbol, podemos ver con claridad el bosque que nos complementa.

Las relaciones humanas son complejas porque nosotros somos complejos, y esa complejidad nos lleva a separarnos de la gente hasta el punto de llegar a sentirnos o a estar solos.
Por eso la simpleza, que no es conformismo, nos une. A veces es cuestión de intentarlo, y saber que quién nos complementa esta al alcance de la mano.

Salir de la soledad es una actitud. El cambio tiene que venir del interior. Para dejar de estar solo primero tenemos que abandonar los vicios que nos aíslan.
Mantener la postura “soy como soy, y al que le guste bien, y al que no también” es una invitación a la soledad.

Es difícil, a partir de cierta edad cambiar. Pero no es imposible transformarse en un ser más sociable, donde aprendamos a ser más tolerantes y saber que en la multitud que nos cruzamos a diario, existe la persona con quién nos arriesgaríamos a abandonar la soledad.
Pero si no le ponemos actitud seguiremos solos, y mal acompañados. O sea, con uno mismo.

domingo, marzo 20

Y UN DIA LOS HOMBRES DESAPARECIERON


Esa noche ninguna se puso de acuerdo, pero el sentimiento fue unánime. No se ha podido unificar ni las razones y ni las causas, pero todas se fueron a dormir con un solo pensamiento cargado de enojo; “que desaparezcan los hombres de la faz de la tierra….”.

Un deseo tiene fuerza, pero cuando se unen millones de deseos iguales, los mismos generan vida propia, y ocurren.
Así fue como el amanecer del día siguiente fue diferente. Ya no había hombres.

Primero fue la sorpresa. Luego fue la realidad.

Mujeres dominadas, sumisas, corriendo desesperadas sin saber que hacer con su libertad. Quien les diría que hacer. Como encontrarían el pensamiento propio.

Feministas marchando en fila, con el pecho (¿busto?) inflado, y con paso marcial sonreían a todos aquellas mujeres que se les cruzaban, disimulando la tristeza del final de una batalla la cual en el fondo no deseaban terminar.

Las histéricas desconcertadas al haber desaparecido la razón de su existencia. Que harían con sus eternos cambios de ánimos. Perderían esa volátil capacidad, se preguntaban sin encontrar respuesta.

Por otro lado las ejecutivas no se molestaban en analizar la situación. Solo se ocupaban de sus nuevas funciones, ahora con un sueldo igualitario al de los hombres, aunque por lo bajo se preguntaban si al no haber más hombres realmente podían decir que ahora ganaban igual que ellos.

Los casos seguían.
Las amantes se habían juntado en una esquina a compartir su angustia. Tanto amor para dar, y nadie para recibir. Cuantos lechos calientes por la noche, empezaban a enfriarse.

Las amas de casa, luchadoras incansables y pilares de la familia, no sabían a quien esperar con la comida caliente a la hora de la cena. Con quien compartirían una charla amena sobre los hechos del día.

Pobres, las melancólicas cerraban sus diarios personales con muchas hojas en blanco por escribir, pero sin historias para recordar. Donde encontrarían ahora una razón para poder llorar en soledad.

Las ancianas esperaban en el portal de sus casas sin saber ahora con quién salir a caminar de la mano para recordar una vida en pareja, llena de recuerdos y vivencias.

Las jóvenes, inexpertas, sin haber tenido nunca la oportunidad de conocer su primer amor, se miraban incrédulas, tranto de imaginar de cómo sería un primer beso.

La compañera, aquella siempre presente, con la capacidad de la palabra, la mirada o el gesto justo. Sabiendo cuando amar o cuando callar.
Una ola de soledad las invadió y paralizó sin saber como encarar esta nueva realidad.

Las niñas eran quienes menos entendían. Ya no tenían a aquel molesto ser que siempre corría detrás de una pelota, rompiendo la tranquilidad de sus recreos, momentos de secretos y picardías. Pero también sentían que la capacidad de sonrojarse había volado junto con esos “chicos brutos”.

En otra punta, desoladas, lloraban las madres. Siempre con un corazón equilibrado entre el amor a sus hijos varones y mujeres, ahora inclinado hacia el vacío.

Finalmente decidieron formar un grupo de exploración para ir en búsqueda de los hombres. Se habían dado cuenta que con sus vicios y virtudes, los hombres eran su complemento.

El grupo caminó días, meses. Cruzó océanos, mares y lagos. Escaló montañas, atravesó selvas y pantanos.
Finalmente encontraron los primeros rastros. Envases de cerveza tirados. Luego calzoncillos y medias. ¡Estaban cerca!

Al llegar a la cima de la siguiente montaña los pudieron divisar. Estaban todos reunidos, tomado alcohol o jugando a las cartas. Otros hipnotizados frente al televisor viendo el partido del domingo.
Nada parecía afectarlos, ni preocuparlos. Se diría hasta que parecían felices. No parecía….¡eran felices!

El grupo se miró. No hubo falta esbozar ninguna palabra. Con el cansancio de la derrota dieron media vuelta y retornaron para no volver.......

lunes, marzo 7

ME CAIGO Y ME LEVATO


Mi padre, que Dios lo tenga consigo, solía utilizar unas puteadas que hoy se las vería como graciosas. A modo de ejemplo: la punta del obelisco; bolas triste, me cacho en diez entre otras, y me caigo y me levanto.

Esta última siempre me llamó la atención. En realidad más que una puteada, parece una actitud frente a la vida. Me caigo y me levanto, o sea, nada me va a frenar. Ante el mal tiempo buena cara.

Reconozco que él la usaba más como una puteada que como una actitud frente a la vida, aunque por suerte a mi quedó como una reflexión.

La vida no es ni buena ni mala. Las cosas que nos ocurren pueden ser generadas por nosotros o no, pero como las encaramos depende totalmente de nosotros.
Hay gente que frente a la desgracia siguen cayendo, y otros ante la misma situación renuevan sus poderes.
Yo me considero parte de este último grupo.

No digo que uno sea inmune, pero no soy de los que se quedan abatidos. Suelo tener un duelo de 24hs, y adelante. Me encantan los desafíos. Y cuando las cosas se ponen difíciles suelo tener más fuerza.
Esto me hace acordar al título de una película muy mala “Retrocede nunca, rendirse jamás” de Jean Claude Van Damme.

Estoy pronto a cumplir 50, con lo cual se supone que algo de experiencia en la vida he adquirido, y a veces me dan ganas de transmitir algunos consejos a quienes quieran escucharlos:

1. la vida es única, y hay que vivir cada día con intensidad
2. uno es dueño de su destino, más allá de que algunos se interpongan en el mismo
3. buscar justificaciones de porque nos pasa tal o cual cosa puede ser un paliativo, pero no sirve de nada
4. el pasado nos puede servir como experiencia, pero el futuro es incierto con lo cual hay que estar preparado para lo desconocido
5. cargar la mochila con el pasado nos va a frenar el avance
6. lo que nos resulto exitoso en el pasado no necesariamente puede llegar a serlo en el futuro
7. las crisis son oportunidades, más allá del sufrimiento
8. rodéate de gente que tenga tus ideales, y conforma un equipo para llegar a la meta. Llegar solo es difícil y triste
9. abrirte y mostrar tus debilidades, no te hace vulnerable, sino humano, y con humanos es como se conforma un buen equipo
10. quien no conoce una derrota no valora una victoria
11. llegar al podio y ver a la familia de uno entre la multitud es más importante que el podio mismo
12. no es cierto que en la cima este uno solo, salvo que para llegar haya trepado sobre otros
13. la motivación viene de adentro. No la esperes desde afuera
14. para llegar primero tenemos que saber a donde queremos ir

Podría seguir. Hay muchos que los podemos encontrar en los libros de autoayuda, lo que confirma que las experiencias y las conclusiones que se obtienen son parecidas para todos.
Por eso aprende de los demás, y pónenle tu cuota de inspiración a la vida.