miércoles, febrero 16

LA HORMIGA FILOSÓFICA


Como todas las mañanas las hormigas salían a buscar alimentos para su hormiguero. Primero enviaban exploradoras de a dos, para que una vez encontrados los alimentos avisaran al resto.
Dentro del grupo de las exploradoras había una a la que llamaban la hormiga filosófica ya que siempre sacaba temas abstractos sobre los que ninguna de sus compañeras quería conversar.
Jamás hablaba de fútbol, ni de las últimas novedades de gran hermano, y menos del ridículo final de Malparida. Siempre preguntas sobre la vida.

Esta vez le tocó el turno a una novata hacerle compañía, y al desconocer de quien se trataba aceptó gustosa hacer pareja con la hormiga filosófica.

No habían transcurridos tres pasos desde la salida del hormiguero que nuestro personaje le preguntó a la novata; “¿Qué quieres de la vida?”

“Eh”, contestó sorprendida la novata. “¿Qué quiero de la vida? No sé, vivir”.
“¿Y que significa para ti vivir”, repreguntó la hormiga filosófica.

“Déjame pensar un poco”, respondió la pobre novata. No sabemos si realmente porque quería pensar o porque quería hacer tiempo.

Al rato exclamó; “para mí vivir significa ayudar al hormiguero, conseguir una compañera, tener hormiguitas, y evitar ser atrapada por el maldito oso hormiguero”.

Enfurecida nuestra filosofa le retrucó; “¿Nada más? Esos es todo lo que quieres de la vida. ¿Donde están tus desafíos? ¿Por qué malgastar la vida con tan poco?”
Y continuo, “No sabes que la vida es única. Que tienes una sola oportunidad de vivirla. ¿Cómo puedes conformarte con tan poco?”

“Si eres de aquellos que creen que hay otra vida después de esta. Una vida eterna llena de felicidad, te voy aclarando que allá tendrás todo servido. Que no tendrás la emoción y los riesgos de equivocarte. Será todo tan previsible que solo te acostarás en el pasto a comer uvas. No tendrás esas sensación al despertarte de cómo será este nuevo día, y si llegarás a la noche.”

“¿Desafíos? Nada. Todos los días serán iguales. Es más será un día eterno. ¿Te imaginas que aburrido? Todos felices. No habrá oportunidad de sentir el resto de las emociones. Todo será demasiado perfecto y predecible. ¿Dónde quedará la sorpresa, el asombro, la incertidumbre? Eso no es vida. ¡Es muerte eterna!”
“O sea que si desaprovechas esta oportunidad de la vida, luego no podrás hacer todo aquello con lo que te hayas quedado con las ganas de concretar.”

La novata aprovecho que la hormiga filosófica estaba tomando aire para poder continuar con su discurso, y le comentó: “Pero yo no creo en la vida eterna.”

Ya con aire en sus pulmones la hormiga filosófica prosiguió, “O sea que crees en la reencarnación. Crees que en la otra vida serás otro ser viviente. Imagina si te toca ser un oso hormiguero y te comes a toda tu descendencia. ¿Para ello quieres tener hormiguitas?
Y una pareja, que tal vez luego te la comas. ¿Para que te sirven tus objetivos? Son todos muy predecibles y poco variados. Un estándar que le dicen. Desperdiciarás tu vida de hormiga de esta manera. Cuando reencarnes en otro ser viviente nada volverá a ser lo mismo, y tu única oportunidad de vivir como hormiga la habrás desperdiciado en tan pobres objetivos de vida”

“¿No crees que tienen mucho por vivir y experimentar? Imagina que vas a una heladería por única vez en tu vida, ¿pedirías solo un gusto o tratarías de probar la mayor cantidad posible de sabores? La vida es así. Hay mucho para probar.”

Nuevamente tuvo que tomar aire, y la novata aprovecho para aclararle, “Pero yo no creo en la reencarnación.”

Automáticamente la hormiga filosófica prosiguió, “entonces eres de los creen que mueres y listo. Que pasas a ser alimentos de los gusanos. Pero entonces, ¿para que quieres tener una compañera y hormiguitas?”

“Vienes a esta vida por única vez, vives simplemente, y “plaf” te evaporas. Todo un esfuerzo desperdiciado.”
“No sabes que el derecho que se te ha otorgado de la vida, implica que debes vivirla al máximo para que la misma haya tenido un significado. ¿Quién te crees que eres para tener más derecho que otra hormiga que no pudo nacer en tu lugar? Te debes a ella, y debes vivir para justificar su no nacimiento.”

A esta altura, nuestra novata ya no parecía más novata. Estaba montando en cólera, y comenzó a hablar en un tono de voz, que nuestra filósofa no la pudo interrumpir.
“Escúchame por primera vez, y cierra el pico. No creo en la vida eterna, ni en la reencarnación, ni en la muerte y punto. Solo pienso en la vida como algo muy importante y es así como la quiero vivir.”

“Si quiero buscar una sola compañera es porque eso es lo que más me gusta. Buscaré alguien que me complemente, que me dé alegrías y tristezas. Con quien pueda disfrutar de los buenos momentos y apoyarme en los malos. A quien pueda ayudar, socorrer, hacer reír, y lamentablemente también hacer llorar, sabiendo que luego me perdonará ya que me comprende.”

“Se que no será fácil, y que una vez que la elija aparecerán opciones que luego me parecerán mejores. Pero también debemos enfrentar el hecho de que la vida es única y que no podemos estar cambiando todo el tiempo, sino nos pasaremos la vida entera probando helados y no disfrutando de ninguno.”

“Como tu dijiste, hay que corre riesgos. Pero también debemos aceptar las responsabilidades de nuestras decisiones”.
“La vida es única y como tal no podemos perder todo el tiempo buscando el gusto de helado ideal ya que no existe. Tampoco seguir comiendo el mismo gusto si vemos que nos hemos equivocado. Pero lo peor que nos puede suceder, es pasar de gusto en gusto buscando el ideal ya que habremos vivido sin saborear ninguno.”


“Perfecto, ahí quiero llegar”, finalmente nuestra hormiga filosófica pudo retomar el manejo del diálogo.

“Concuerdo con que uno tiene que ser responsable de sus decisiones para lo cual tiene que tomarlas con sabiduría, y que eso no implica sacrificarse o inmolarse de por vida si ve que se equivocó. Hay opciones, tal vez dolorosas, pero que a la larga pueden ser beneficiosas para las partes. Si eliges helado de pistacho y no te gusta, puedes dejarlo y buscar un gusto más agradable.”

“Correcto”, afirmó la novata. “Pero para eso primero tengo que tener una idea de cómo es el gusto de pistacho para no equivocarme en la decisión. No es cuestión de tirarme de cabeza al primer gusto, pero tampoco a la primera cucharada decidir que no me gustó.”

“La vida implica ir eligiendo un camino en cada bifurcación, y no lamentarse por el camino que se desecho. Mi idea es llegar a viejo habiendo disfrutado de cada camino elegido, incluso de aquellos de los cuales me equivoqué al elegir, y tratar de dejar mi huella en la mayor cantidad de caminos posibles.”

“Mi vida será inútil si me quedo estático en una bifurcación sin animarme a seguir uno u otro camino por miedo a equivocarme. No por eso tomaré cualquiera. Seré responsable, pero decidido al fin.”

Ambas hormigas estaban tan concentradas en la discusión, y contentas de estar encontrando un punto en común que no pudieron notar la presencia de un oso hormiguero que en un segundo se trago a ambas.

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