domingo, enero 16

LÁGRIMAS


Nací sensible como todos. La vida me hizo duro (¿duro?). Como en The Wall, puse ladrillo sobre ladrillo, y cree mi defensa.
¿Porque? No sé. Se lo dejo a Freud.

La vida es única. Para poder saborearla tenemos los sentidos. Y para poder amalgamarla con nuestra alma tenemos las emociones.
Vivir es sentir, y sentir es ser humano.

La vida te da sorpresas. La vida es incertidumbre. Ningún día es igual a otro. He ahí el encanto, y el temor que genera.
Podemos ser actores o espectadores. Podemos escribirla o podemos contarla.
¿De que lado estás?

La vida es sinónimo de alegrías y tristezas. Ambas resumen lo más fuerte de las emociones, y encuentran su síntesis en las lágrimas.
Y como bien dicen los poetas, las lágrimas enjuagan las penas del alma, y agregaría que también inundan los ojos cuando el alma rebalsa de alegría.

Ahora bien, ¿que hace que algunos tengan la capacidad de llorar, y otros no?
¿Falta de sentimientos, o miedo a dejarlos fluir?

Todos tenemos sentimientos, con lo cual nos quedamos con el miedo a dejarlos fluir. ¿Y entonces? ¿Miedo a que se desborde el dique y no sepamos como contener la inundación?
¿Miedo a dejarnos llevar?

Las lágrimas derramadas son amargas, pero más amargas son las que no se derraman, reza un proverbio irlandés. ¿Será esa la causa de mi hernia hiatal?

Se suele asociar las lágrimas en los hombres a debilidad. Supuestamente los hombres no lloran. ¿Será que los súper hombres sí, total después se reconstruyen?

A lo mejor la causa de la inexistencia de lágrimas en mi historial sea la falta de vivencias movilizantes. Lo dudo. Ni más ni menos que el resto de los mortales.
Tampoco me preocupa, aunque para algunos parezca un bicho raro. ¿O será que me estoy perdiendo algo?

Tal vez debería seguirlo a Séneca quien dijo: “no hay mayor causa para llorar que no poder llorar”.

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