domingo, octubre 31

ODA A LA MUJER


Su génesis, según la religión judeo-cristiana, fue la costilla del hombre.
Su devenir histórico, fueron el resto de las costillas, nuestra entrega.

Emotiva, seductora, implacable, la mujer fue, es, y será la alegría, la tristeza, el sufrimiento, el padecimiento, y el deseo del hombre.

Mal llamado “sexo débil”. Motivo de guerras entre pueblos de la antigüedad.
Maldecida, maltratada, exaltada, y venerada, gran protagonista principal de la historia de la humanidad.

Sus miradas, sus gestos, sus posturas, su intelecto. En síntesis, su seducción, arma que utiliza para obtener la sumisión del hombre, a la cual este se entrega sin resistencia, sin queja.

Delineada por un eximio escultor, sus curvaturas embriagan al pensamiento lineal del hombre, quien abandona la cordura en busca de su conquista física, mental, y espiritual.

Su corazón es un trofeo de caza que todo hombre desea obtener.
Su cuerpo es un reducto cálido al que todo hombre quiere llegar y disfrutar.
Su espíritu es indomable, el cual aún no ha podido ser ni conquistado ni domesticado.
Su mente es un laberinto inexpugnable, donde es muy fácil perderse en un enjambre de juegos y locuras.

Proveedora de vida. Compañera de triunfadores. Hacedora de sufrientes. Torturadora de corazones.
Es la dualidad de la vida, es el amor y el odio. Su amor es infinito, su venganza también.

No hay peor fiera en el mundo que una mujer con el corazón herido. No hay mejor compañía que el de una mujer con el corazón conquistado.

Multifacética. Enigmática. Indescifrable. Querible. Llega hasta donde quiere llegar, no hasta donde los hombres creemos dejarla llegar.
Sus límites son el universo. Su alimento somos los hombres que le damos vida eterna.

Es fuente de inspiración, de deseo, de desdicha, de vida, de pasión.
Es la piedra con que tropezamos una y otra vez, y con la cual queremos, y deseamos, seguir tropezando.
Es el principio y el fin. Y también el “intermezzo”.
Es el canto de sirenas que enloqueció a Ulises.

Impetuosa, arrogante, cálida y gentil.
Lobo disfrazado de oveja.
Ambigüedad de ternura.
Cálida y fría.
Refugio de los hombres.

Mujer cuanto daño nos has hecho, pero sin embargo te queremos.

¿Quién pude decirse feliz, sin haber amado nunca a una mujer?
¿Quién puede decir que ha vivido, sin haberse entregado nunca a su piel sensible, cálida y suave?
¿Quién pude decir que ha experimentado las distintas emociones y sensaciones sin haberse embriago en su locura?
¿Quién puede decir que ha resistido la vulnerabilidad que nos produce el llanto y la risa de la mujer?

Por todo esto, te dedico estos pensamientos, Mujer. Nos seguiremos cruzando....

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