domingo, agosto 29

CUANDO EN LA EDUCACION SE PIERDE LA BRUJULA


La argentina está en crisis de valores. Eso ya no es novedad. Sino como podríamos explicar lo que nos sucede como sociedad donde permitimos que se avasalle nuestros derechos, y solo saltamos cuando nos tocan el bolsillo.
Inseguridad física y jurídica, corrupción, miseria política, derechos de unos sobre derechos de otros, falta de oportunidades, hambre y más hambre. Estos son algunos de los temas que vemos a diario, y ahora agregamos la toma de colegios.

La educación es la única herramienta que permite igualar hacia arriba, y que nos brinda la oportunidad de la movilidad social, mecanismo indispensable para el desarrollo de cualquier país. Y como suele suceder en nuestro país se boicotea para que sigamos creciendo como masa inculta y sin posibilidad de decidir por nosotros mismos.


Hoy nos encontramos ante un nuevo boicot educativo; la toma de lo colegios públicos en la Capital Federal. Obviamente que detrás del mismo hay armado político contra el gobierno de Macri, ya que los principales promotores del mismo son grupos que tienen conexiones con partidos que forman parte de la oposición al gobierno porteño.
Pero este es un tema que tendrá que resolver Macri, y no es el punto que hoy quiero comentar.

El principal motivo de la toma son la falta de reformar edilicias, indispensable para que uno pueda asistir a clase seguro, y en condiciones dignas, aunque si recorriéramos el interior del país, o “el país profundo” como suele decir nuestra primera mandataria, veríamos que hay chicos que caminan kilómetros para arribar a escuelas con paredes de adobo, en búsqueda de la única herramienta que los hará realmente libres; la educación.

Cuando nos acercamos a las zonas de confort, léase grandes capitales, priorizamos diferente, total la educación interesa menos, y mucho menos si lo paga otro.
Tampoco se considera que los colegios y escuelas públicas sean mantenidos con los impuestos que paga la sociedad para que un grupo de chicos con menos posibilidades tenga acceso a una educación digna, y que dicha situación debería generar una obligación por parte de los estudiantes de cumplir con su cometido.
Nadie paga sus impuestos para ver chicos tomando colegios. Que ellos se dediquen a estudiar, y sus padres sean los que reclamen por las mejoras edilicias, aunque estos últimos, sin saber que posición debe asumir un padre, se comportan como unos chicos más.

Los chicos tienen una obligación moral de devolver a la sociedad lo que esta hace por ellos. Y si de derechos se habla, tampoco deberían impedir que acudan a clase aquellos que quieren seguir estudiando.

Por otro lado, las autoridades en vez de reunirse con los representantes de los estudiantes deberían exigir la finalización de las tomas, dejando libres a aquellos que insistan. No puede haber igualdad de derechos entre quienes cumplen en asistir al colegio para no quedar libres, y aquellos que presionando mediante toma de colegios, terminan haciendo lo que quieren.

Pero como vimos al principio, nuestro problema es una crisis de valores. La oposición se pone del lado de los chicos para embarrarle la cancha a Macri. A modo de ejemplo la jueza Elena Liberatori declaró hoy la inconstitucionalidad de la resolución a través de la cual el gobierno ordenaba identificar a los alumnos que tomaran colegios. La presentación ante la jueza fue efectuada por miembros de la oposición.
Tomar un colegio, por más motivo que se invoque es un delito, y por ende tiene que tener su castigo.


Mientras tanto la brecha de conocimientos entre quienes tienen una mejor situación económica, y aquellos que tienen necesidades se amplía, y después nos preguntamos el porque.