martes, julio 20

IGUALES PERO DISTINTOS, O DISTINTOS PERO IGUALES




Han pasado unos días desde que se sancionó la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo. Con la mente más fría me permito expresar algunos pensamientos que me llevan a no estar a favor de la misma.
No lograré ningún cambio, pero tal vez nos sirva como para meditar sobre aspectos que hacen a la subsistencia y evolución de una sociedad.

Por lo pronto más allá del trasfondo político (Kirchner vs. Iglesia) debemos entender que los debates de fondo, más allá de las urgencias que algunos puedan reclamar, necesitan ser discutidos sobre una base atemporal. Es decir pensados sobre los efectos en el largo plazo que pueden tener para una sociedad, y no imbuidos de un apresuramiento que no nos permita analizar a fondo las cuestiones.
Tengamos en cuenta que existen alrededor de nueve países donde tienen aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo, y también algunos estados de EEUU. Salvo Sudáfrica, todos países con un estándar de vida mejor que el nuestro, con prioridades diferentes a las nuestras.

Podríamos hacer una lista de los temas urgentes que aún nos queda por resolver como sociedad, que necesitan una resolución hoy, pero que sin embargo se guardan en el cajón de los olvidos.
Esto no implica patear la pelota para adelante, pero si tomarse el tiempo necesario para analizar los costos y beneficios que tienen las leyes que queremos establecer.



Cuando vemos que la aprobación o no de una ley implica una división de la sociedad, es cuando debemos actuar con mayor serenidad de forma tal que el resultado final no deje abiertas grietas en una sociedad que debe continuar conviviendo.

Ahora yendo al punto específico de la ley, considero que no es positivo para una sociedad el ir incorporando normas que hacen a la desnaturalización de la misma.
Como todos sabemos la sociedad es un conjunto de individuos, que compartiendo una cultural logran que la misma perdure en el tiempo.
Una sociedad puede ir adaptándose a los cambios culturales, pero siempre manteniendo la premisa de permanecer dicha institución en el tiempo. El proyecto de una sociedad no debe ser considerado finito, y es responsabilidad de sus miembros el lograr que perdure.

Para eso, sin entrar en el terreno religioso, la naturaleza es sabia. Le brinda a la sociedad los elementos para sobrevivir: la procreación.
Si tomamos a la raza humana como el ser más evolucionado del mundo animal, deberíamos valorar dicha característica como sobresaliente del ser humano.
Me pregunto, ¿donde estaríamos hoy si no fuera cierto esto?

Además la procreación no solo permitió que la sociedad humana perdurara, sino que además, como en una carrera de postas, la nueva generación va tomando el testigo para reemplazar a las anteriores.
Me pregunto, ¿Cómo podrían subsistir las personas mayores, sin una nueva oleada de jóvenes que los reemplacen en sus funciones?
Pensemos en la antigüedad. Las familias tenían muchos hijos para asegurarse su porvenir futuro, sabiendo que habría alguien que cuidaría de ellos. Es la base del sistema previsional de reparto que muchos hoy defienden por un lado, pero no se preocupan en cuanto a quien va a aportar a futuro.

Viendo esta simple, y tal vez reducida introducción, esta claro que nuestros representantes deberían legislar sobre base de lo que es mejor para la sociedad en su conjunto, y es ahí donde el matrimonio heterosexual cumple una función que la naturaleza le otorga por sobre el matrimonio de personas del mismo sexo.
El matrimonio heterosexual es condición necesaria pero no suficiente para la continuidad de la especie, lo que le da sentido al orden familiar en una sociedad. La segunda condición (suficiente) la dará, el que puedan o quieran tener hijos.
Este requisito es lo que lo torna natural, a diferencia del matrimonio entre personas del mismo sexo el cual no puede cumplir con la condición necesaria. Esto es lo que los hace diferentes como institución, independientemente de la igualdad que como personas tengan.
Como personas tienen el mismo derecho, pero como matrimonio no lo pueden tener ya que un matrimonio heterosexual permite la subsistencia de la especie, mientras que el matrimonio de personas del mismo sexo no. Esto es irrefutable desde un punto de vista natural, y no implica discriminación alguna.
Por dicha razón legislar igual es equívoco pues se quiere dar los mismos derechos a realidades naturalmente diferentes, y que aportan a una sociedad de una manera diferente. Ni bueno ni malo, diferente.

Querer dar a una entidad las características de la otra tergiversa una verdad ineludible, y solo genera una confusión en cuanto a la esencia de ambas.
Acá no es una cuestión de valor a una u otra, es solo darle el lugar que corresponde dentro de una sociedad.

El otro día leí una carta de un lector muy gráfica la cual resumo: "supongamos que hay una isla con 100 varones, otra isla con 100 mujeres, y una tercera con 50 varones y 50 mujeres. Ninguna tiene posibilidad de interactuar con las otras. ¿Qué pasará al cabo de 100 años?
De las dos primeras podremos encontrar rastros de una civilización ya inexistente, pero solo en la tercera veremos todavía una civilización existente".

El homosexual como individuo tiene el derecho a ser tratado como un igual al heterosexual, ya que son iguales en el plano del derecho. Ambas son primero que todo personas.
Ahora cuando el planteo ya no deja de ser individual, sino de pareja, hay que analizarlo como tal.
Argumentar que no darle los derechos de pareja es discriminarlo como individuo es falso.
Comparto que la parejas del mismo sexo tengan derecho de heredarse, de mantener los privilegios previsionales, o de compartir una obra social entre otros, pero darle la categoría reservada a aquellos que puedan preservar la especie, es discriminar a estos últimos en función de los primeros. ¿Quiénes aportar más a la sociedad en cuanto a su supervivencia?

El matrimonio heterosexual tiene una responsabilidad sobre la sociedad, más allá que después la cumpla bien o no. El matrimonio entre personas del mismo sexo nunca podría tener dicha responsabilidad por una cuestión natural. Por lo tanto, ¿ambos pueden tener los mismos derechos, con obligaciones diferentes? Uno tiene una carga social que el otro no, ¿son iguales?

No quiero entrar en otra discusión que sería el tema de la adopción.
Hoy la adopción cuenta con fallas de fondo, como para utilizarlo de argumento para justificar el matrimonio de personas del mismo sexo. Actualmente existe lista de espera de matrimonios heterosexuales para poder adoptar.
Por otra parte no existe información historica suficiente como para obtener conclusiones válidas sobre si chicos adoptados por una pareja del mismo sexo, tendrán algún problema psicológico o no.
Por otro lado, ¿qué pasaría si una pareja del mismo sexo se separa? ¿En quien recaería la custodia?
En el matrimonio heterosexual esta claro que con la madre, con lo cual ya hoy le está dando, desde el punto de vista del derecho, otro carácter diferencial al matrimonio heterosexual sobre el de personas del mismo sexo. Por algo el legislador fijo esa pauta originalmente.

Por otro lado, ¿qué pasaría en el caso de una adopción donde el juez tenga que decidir entre un matrimonio heterosexual y un matrimonio de personas del mismo sexo? En el caso que dicho juez fallara sobre el primero, obviamente que al segundo le quedará la posibilidad de apelar por discriminación. En el caso contrario no creo que se pudiera invocar dicha causa.

También esta la posibilidad de alquiler de vientres, o fertilización asistida (en el caso que los integrantes de la pareja del mismo sexo sean femeninas), pero no es natural por lo que volvemos a la argumentación de que son instituciones diferentes, y por ende se debe legislar sobre esa base.

Insisto, no confundamos los derechos individuales de los homosexuales con los derechos y obligaciones del matrimonio. Las parejas del mismo sexo no pueden darle a la sociedad lo que naturalmente pueden darles las parejas heterosexuales. Eso las hace distinto. El resto es política.