miércoles, junio 30

PARA PACIFICAR UN PAÍS TENEMOS MODELOS EXITOSOS PARA COPIAR


El otro día termine de leer el libro El Factor Humano de John Carlin, que dio origen al film “Invictus” con Morgan Freeman y Matt Damon, dirigida por Clint Eastwood (al margen me quedo con el libro).

El libro relata como Nelson Mandela fue conquistando tanto a sus enemigos, los defensores del apartheid, como a sus amigos y aliados, quienes buscaban justicia y revancha. Y los conquistó mostrándoles otro camino el cual evitaría una guerra civil, y la destrucción de Sudáfrica: el camino del perdón y de la unión.

Comenzó en la prisión con sus carceleros. Luego con los líderes afrikáners (los blancos). Luego siguió con los negros, aquella raza que sufrió la persecución, la exclusión, y la muerte. Y finalmente con el resto de los habitantes.
Su toque final fue utilizar la Copa Mundial de Rugby de 1995 para unir a todos detrás de un objetivo más profundo que el mero torneo en sí, y por suerte para Sudáfrica lo logró.

Pensemos que Mandela estuvo 27 años preso en una celda mínima, y que en Sudáfrica hubo matanzas por doquier. Solo recordemos una revuelta estudiantil en las escuelas de Soweto que generó la muerte de 566 niños como consecuencia de los disparos de la policía.
También pensemos que el rugby era para los negros el emblema del apartheid. Tal es así que disfrutaban cuando el equipo de rugby sudafricano, los Springboks.

Mandela consiguió la paz en una nación al borde de la guerra civil, pensando solamente en el futuro, y superando el rencor y la sed de justicia y/o venganza que los afrikaners le pudieran generar. Y por todos eso recibió el premio Nóbel de la Paz en 1993, el mismo al que hoy aspiran las abuelas de plaza de Mayo, y que su presidenta Estella de Carlotto fue a promocionar a la misma Sudáfrica.

Cuando uno analiza el período iniciado por Néstor Kirchner, y seguido por su mujer, Cristina Fernández de Kirchner, vemos como se puede tomar un camino distinto para liderar una nación.

En el caso local se decidió por la confrontación. Por abrir las heridas que bien o mal intentaron cerrar los gobiernos anteriores. Y hasta en algunos casos por la humillación (el castigo a la fuerzas armadas actuales, ya de democráticas, por la represión de los ´70 cuando muchos ni habían nacido).
A modo de ejemplo Mandela se mantuvo firme contra sus aliados, quienes querían suprimir el nombre y la camiseta de rugby de los Springboks considerado emblema del apartheid.

Cuando escuchamos o leemos a nuestros representantes de los “Derechos Humanos” nos cuesta encontrar un punto en común con Mandela. Ellos hablan de odios, castigos, y venganza. De una justicia que solo reconocen cuando decreta fallos a su favor.

Lo mismo ocurre si buscamos otros protagonistas de nuestra historia; caudillos, conservadores, peronistas, militares. No hay nada que podamos encontrar en sus acciones que nos indiquen alguna intención pacificadora. Esta en nuestros genes.

A veces, para pacificar una nación, los métodos deben ser distintos a los que podemos utilizar para castigar un delito, aunque siempre se quiera aplicar la justicia.
Lamentablemente esto solo lo pueden diferenciar los líderes, ausentes en nuestro caso.

Nuestro país tiende a ser pendular. Hoy estamos a favor de alguien, y mañana en contra. Hoy el péndulo está del lado del revanchismo de izquierda, y mañana estará del otro lado, como lo estuvo con la Revolución Libertadora.

Mientras no veamos hacia adelante, pensando en el futuro y no atados al pasado. Mientras nuestros políticos no entiendan que tienen que gobernar también pensando en las generaciones venideras.
Mientras no sigan el ejemplo de Mandela de cómo reconciliar odios, seguiremos buscando líderes en el cine.

1 comentario:

Mercedes dijo...

Totalmente de acuerdo, salvo que no creo que no entiendan nuestros actuales líderes políticos cual es el camino; no les interesa, lo cual es peor.
Ojalá las futuras generaciones si lo entiendan;difundir las enseñanzas de Mandela es buen comienzo.Es cuestión de sembrar.