lunes, diciembre 21

KIRCHENSTEIN: EL FRANKENSTEIN DEL MATRIMONIO PRESIDENCIAL


Quien no ha visto alguna vez la película de Frankenstein, el monstruo protagonizado por Boris Karloff.
La trama, cuya novela original fue escrito por Mary Shelley, relata la historia del Dr. Víctor Frankenstein, un joven suizo, estudiante de medicina, obsesionado por conocer los secretos de la vida.
En su afán por desentrañar "la misteriosa alma del hombre", Víctor crea un cuerpo a partir de la unión de distintas partes de cadáveres abandonados, y del cerebro de un muerto reciente.
El experimento concluye con éxito cuando Frankenstein, rodeado de sus instrumentos, infunde una chispa de vida al cuerpo utilizando la fuerza de la energía eléctrica obtenida durante una tormenta con rayos.
Luego de una serie de actos violentos, el Dr. Frankenstein comprende el horror que ha creado, y rechaza con espanto el resultado de su experimento.
El monstruo a su vez, siente el rechazo de la humanidad y despiertan en él el odio y la sed de venganza, lo que finalmente lo lleva a su fin al ser quemado por los pobladores de la villa.

En estás épocas de violencia verbal, piquetes, cortes, y paros, podemos encontrar ciertas similitudes con la novela de Mary Shelley.



Los Kirchner al asumir decidieron crear su propio Kirchenstein. Para ello primero buscaron a los abandonados, los pobres, los desposeídos.
Luego implantaron el cerebro, los D’Elia, los Moyano, los líderes piqueteros, etc.
Y finalmente, para darle vida, infundieron la chispa de la vida, la caja. Con todo esto crearon un gran monstruo que originalmente les obedecía: la “energía” traccionaba al “cerebro”, y este obligaba al resto del cuerpo a moverse según su conveniencia.
Es así que ante cada necesidad de ganar la calle, llenar actos, o intimidar a la oposición, el monstruo hacia lo suyo.

Como en la novela, el monstruo ganó independencia, y se empezó a mover solo. Dejó de obedecer a sus mandos, y empezó a exigir más.
Cortes de autopistas, paros salvajes en los subtes, acampe en la 9 de Julio, toma de fábricas, marchas de apoyo o de rechazo, interferencia a la distribución de diarios.
Días de completo caos, desorden y descontrol, generado por un monstruo muy poderoso, desafiante de su creador.

No es la primera vez que la argentina sufre de un monstruo así.
Perón lo tuvo con “la juventud maravillosa”, los montoneros, hasta que los echo de la plaza.
Gran parte de los argentinos también lo tuvieron: los militares.
Y como nos indica la historia, ambos terminaron mal. Fueron “quemados por lo pobladores” en un sentido literario.

Es de esperar que Kirchenstein termine de la misma manera, “quemado” por los votos, para que una argentina en paz pueda progresar, crecer, y terminar con el flagelo de la pobreza. Pero mientras siga el monstruo y sus creadores incitando a la “violencia”, habrá que tener paciencia, y esperar el final de la película.