jueves, noviembre 5

CRISTINA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS - 3° Y ULTIMA PARTE


Tras llegar a un claro en el bosque, CA exclamó; “Hemos llegado. Este es el modelo que vine a buscar”. En frente de ellos un espectáculo alucinante.
Subidos a un pedestal, una pareja de elegantes cónyuges distribuían vituallas a la larga fila de extraños y tristes personajes que desfilaban frente a ellos, y que se inclinaban a modo de alabanza.

“Ves Cristina. Así funciona la cosa. Esos majestuosos conyugues gobiernan estas tierras. Ellos deciden a quienes les dan dádivas, subsidios, y cubren sus necesidades, mejor dicho parte de las mismas, a cambio de sumisión.”, empezó a explicar CA.
“El que no alaba a la pareja, no recibe nada”, continuó. “Además, como siempre necesitan de lo básico no tienen tiempo de progresar, con lo cual están atrapados en un círculo vicioso para ellos, o virtuoso para los conyugues, del cual es imposible escapar”, prosiguió con su clase sobre el modelo.
“Y a quien osa cambiar el status quo, le cortan la cabeza. Muy simple y muy práctico”, finalizó la explicación CA antes los ojos de admiración de Cristina.



“O sea que hay una clase que puede vivir de la otra, mientras esta otra piensa que es algo normal. Y por eso lo de la urna sin fondo. Ellos pierden sus sueños y esperanzas en una urna, mientras que los dueños del circo son los que dirigen las piruetas.”, resumió Cristina ante el asentimiento de CA.

“¿Pero no hay riesgo de que descubran como funcionan los engranajes de este modelo?”, preguntó Cristina con cierta preocupación.
“No”, exclamó CA en forma terminante. “A quien quiere sacar los pies del plato se le otorga un cargo dentro del clan, con lo cual se beneficia y deja de pensar en los demás”.

“¿Pero quienes conforman semejante pareja? ¿Qué extraordinaria inteligencia poseen para haber creado semejante modelo?, preguntó con una mezcla de admiración y curiosidad Cristina.

“Ellos son Caja y Poder. Están juntos desde los inicios de la humanidad. Ven que te los presentaré”, y tras decir esto, CA se encamino junto a Cristina hacia donde estaba la magnánima pareja.

“¿Y tú que quieres?”, le preguntó en tono amenazante la Sra. Caja a Cristina, mientras el Sr. Poder la miraba de modo controlador.

“Es amiga mía”, salió CA en su defensa. “Solo quiere conocerlos ya que admira su modelo de gobierno”.

“Ah, entonces acércate, y te podremos enseñar más sobre este asunto”, dijo la Sra. Caja ahora en un tono más amigable.
“Verás”, prosiguió el Sr. Poder, “Acá primero hay que crear la necesidad, y luego salir a cubrirla en cuenta gotas. De esa forma, por más que no les guste, dependerán de ti, y eso querida es poder”.

“Si pero para cubrir las necesidades tendrán que hacerte de recursos, y eso querida es caja”, completó la explicación la Sra. Caja como quien no quiere perder su lugar.

“¿Pero como es que generan inicialmente la necesidad entre la gente?”, preguntó inocentemente Cristina.

“Pues eso lo se hasta yo”, agregó CA, contento de poder meter un bocadillo. “Quita las oportunidades; crea incertidumbre; siembra rencores; entierra la cultura del esfuerzo, endúlzalos con ideologías populistas. Con todo esto a la vez tendrás un cóctel de necesidades difícil de superar”.

“Exacto amigo pingüino”, asintieron la Sra. Caja y el Sr. Poder al unísono.

“O sea que vuestro modelo genera un círculo vicioso de donde es imposible salir, ya que con la caja y el poder del lado de Uds., nadie lo podrá romper. Están atrapados de por vida. Cuanto progreso he tenido con esta visita”, y así Cristina se despidió de sus nuevos amigos, y emprendió sola el regreso a su jardín, y a la banca del cenado.

Estaba a punto de llegar, cuando se le apareció la cabeza de un gato, luego la cola, y finalmente el resto del cuerpo.
“Soy el gato Juan Domingo”, se presentó el nuevo personaje, que de nuevo no tenía nada, pero de astuto todo. Y prosiguió:

“Bueno Cristina, ya sabes como funciona esto. Solo te falta saber una última cosa”.

“¿Qué?”, preguntó con ansiedad Cristina. “Dímelo por favor. Estoy terminado mi viaje, y no quiero perderme nada de este útil aprendizaje”.

“Que la caja no es infinita, y que cuando se acaba, y siempre se acaba, perderás el poder. Y sin ambos vas a tener que correr. Y cuando dijo correr, es correr en serio…”, y con estás últimas palabras desapareció tan rápido como cuando llegó.

Y así Cristina se quedó pensando profundamente en todo lo vivido, mientras a lo lejos divisaba su banca del senado.

Advertencia: esto solo fue un cuento no asimilable a ninguna realidad posible