lunes, septiembre 21

LOS ARGENTINOS SON (SOMOS) TODOS TARADOS


Las declaraciones del candidato presidencial del Frente Amplio uruguayo, José Mujica, sonaron con dolor en los oídos argentinos. No por el insulto en sí, sino por la verdad que se esconde detrás de dichas declaraciones, la cual nos cuesta aceptar.

Nuestro mancillado orgullo argentino, el cual solo podemos justificar en nuestra historia si nos remontamos a la época de la independencia, no encuentra argumentos para contradecir lo dicho por el político del otro lado del charco.
A diario suceden hechos que nos llevan a reflexionar sobre esta hiriente frase, y que nos generan vergüenza ajena, o propia, sobre la razón por la cual dejamos que las cosas sucedan, y no hagamos nada para recuperar nuestra identidad.

Veamos algunos ejemplos de los últimos tiempos…..

No cabe duda que la argentina está en deuda con los pobres. A diario aumentan los casos de desnutrición, más allá de lo que midan los índices. Solo hace falta alejarse un poco de los centros urbanos.
La educación, el combustible de la movilidad social, sigue en franco deterioro, y podemos decir que hoy es un fracaso los resultados que se obtienen.
Las escuelas públicas son un lugar de contención, ante la desidia del gobierno de turno, postergando su función educativa, y niveladora social.

Ahora bien, mientras todo eso sucede, destinamos millones de la gente, para tener nuestra línea de bandera, y para que haya un “fútbol para todos”.
Los cálculos más conservadores hablan de un déficit diario de 10 millones de pesos para Aerolíneas Argentinas, la cual hoy es un botín de los sindicatos que la manejan, más allá del presidente de turno, Mariano Recalde.
El fútbol para todos viene generando un déficit acumulado de 70 millones de pesos desde que paso a manos del estado. Nuevamente la gente de carne hueso, los que mueren por desnutrición, los que se quedan sin trabajo, los que trabajan más de 10 horas por día, todos contribuyen a que podamos ver el fútbol.

¿Y porqué pasa esto?
La respuesta pasa por la frase de José Mujica. Nos comportamos como tales al comprar argumentos baratos.

Con Aerolíneas Argentinas aceptamos que Marsan, el malo de la película, vaciaba la empresa, que existía desmanejo, etc. Jamás nos pusimos a pensar que detrás de eso estaban los sindicatos generando el ambiente para quedarse con la empresa.

Con el fútbol para todos, que no están para todos, aceptamos el argumento de que TYC se llevaba todo, y que los pobres club manejados por “honestos” dirigentes, Don Julio incluido, no tenían nada que ver.

También pasó con las AFJP. Si bien era un sistema perfectible, aceptamos que el estado manejaría mejor nuestra jubilación futura, y aplaudimos la estatización de los fondos, los cuales pasaron a formar parte de la caja del gobierno de turno, con destinos desconocidos.
Y encima, teniendo a los actuales jubilados, como testigos del desastre que es la administración de la jubilación por parte del estado. Desde que tengo uso de razón se quejan de sus magros ingresos.

Por último puedo de dejar pasar el ejemplo de lo que esta ocurriendo con la ley de medios. Nos convencemos que el monopolio Clarín es el enemigo a vencer (no es santo de mi devoción), o que la ley actual es de la dictadura (como lo son las siguientes leyes que nadie plantea reformar: código electoral; ley de sociedades; ley de cooperativas, mutuales; ley de entidades financieras; ley de procedimientos administrativos, código aduanero….).
Como vemos los argumentos son falaces, y esconden los verdaderos intereses. Sino veamos como en el canal 7 estatal, o sea de todos, la única voz que se escucha con respecto a esta ley es la oficial, no habiendo margen para las voces disidentes. Una muestra de lo que busca el gobierno de turno con dicha ley, tal cual lo ha hecho en Santa Cruz.
Pero no lo vemos. Solo compramos los argumentos sin pensar.

Podría seguir con los ejemplos de cómo aceptamos que los gobiernos de turno impacten en nuestras vidas, aceptando nosotros sus simples argumentos, y sufriendo las consecuencias.
Así vemos como luego de una elecciones donde de cada 10 argentinos, 7 votaron en contra del gobierno actual, aceptamos con resignación que los gobernantes le dan la espalda al pueblo, y refuerzan su accionar, no teniendo la mínima humildad de reflexionar sobre como nos vienen gobernando.

Por eso me pregunto, ¿como podremos desmentir categóricamente a José Mújica, si con nuestros actos de serviles ciudadanos, aplaudimos cual claque a quien nos está cavando nuestra propia tumba?