martes, agosto 4

SALIR DE LA ZONA DE CONFORT


La semana pasada, fue una semana muy fría en Buenos Aires. Hubo días que daban ganas de quedarse en la cama, de no salir de la zona de confort. Es ahí donde se me ocurrió divagar un poco sobre este tema tan trillado, pero no por eso menos interesante.

Desde que nacemos tenemos la eterna disyuntiva si salir o no en la zona de confort, entendiendo por tal, una situación que nos es cómoda, conocida, que no nos implica asumir nuevos riesgos, los cuales la podrían poner en peligro. En esta zona podríamos subsistir por el resto de nuestros días, aunque para ello resignemos situaciones nuevas, con el riesgo de que esa dejadez o resignación termine achicando a futuro nuestra actual zona de confort, entrando en un círculo vicioso de final poco atractivo.

Uno cuando nace sale de la primera zona de confort, el vientre materno. En este caso parecería que no tenemos opción. A los nueve meses o se sale o nos echan.
Pero ya en esta etapa se notan aquellos que quieren salir antes (los sietemesinos, los que no paran de patear en la panza materna), quienes empiezan a mostrar un interés por conocer y arriesgar más.


Luego pasamos al corralito (no el de Cavallo). Está el que se queda quieto, o el que patalea, llora, o tira todo afuera del cerco para que lo dejen salir.
Después seguirá el crecimiento, la adolescencia, donde se comienza a formar la personalidad del ser humano, y donde empieza a distinguirse con mayor claridad quienes quieren salir de la zona de confort y quienes no.
Y así, hasta que nos acabe la pila, seguiremos enfrentándonos a la encrucijada: salir o no salir.

Como dijimos, salir de la zona de confort implica asumir riesgos. Dejar una situación, que a priori creemos, previsible, por una desconocida pero que a su vez nos puede permitir ampliar nuestra zona de confort. El famoso “el que no arriesga no gana”, aunque esto no implica que haya que analizar los costos y beneficios del nuevo paso a seguir.

Tampoco creamos que todo aquel que sale de su zona de confort, esta en búsqueda de una etapa mejor. El desconocimiento, la ansiedad, o la inconsciencia, por citar algunos ejemplos, también nos empujan a salir de la zona de confort, teniendo como futuro incierto el resultado a alcanzar.

Por otro lado, es común ver a la gente exitosa, independientemente de que consideremos por exitoso, justificar dicho logro por haber salido de la zona de confort. Inmediatamente podría establecer que existe una causalidad en ello, pero por otro lado cuantos hay que salen de la zona de confort, y terminan en un nivel peor.
Podríamos simplificar que es una condición necesaria pero no suficiente.

El salir de la zona de confort nos abre un abanico de oportunidades. Luego estará en uno, el seguir el camino correcto, sin dejar de lado el efecto suerte, o “random” como le gusta llamarlo a Nassim Taleb.

Resumiendo, hasta ahora tenemos a aquellos que se quedan en la zona de confort, con un alto riesgo de que la misma se achique, y pasemos al disconfort.
Luego tenemos a los que salen de la zona de confort, pero no aciertan con sus decisiones, dejando que las oportunidades fluyan entre sus manos. Estos ya no podrán volver a la misma zona de confort anterior, sino que quedarán flotando en un limbo de la desazón, salvo que sigan intentando el logro del objetivo. Aunque la suma de intentos les irá quitando energía.
Por último tenemos a los que han ampliado su zona de confort, y van en pos de la próxima ampliación. Acá debemos hacer una disgregación. Una cosa es la actitud de buscar nuevos rumbos, oportunidades, o desafíos, y otra cosa muy distinta es ser un eterno disconforme. Este último nunca encuentra una zona de confort, ya que no tienen en claro sus objetivos, y por ende nunca los alcanzarán.

Ahora bien, hay una categoría muy pocas veces analizada (o tal vez nunca) la cual se ve comprendida en la siguiente pregunta: ¿dónde encajaría aquella persona que la vida le negó oportunidades, que nunca pudo vivir en una zona de confort?
El caso más claro sería una persona que nació en un ambiente pobre, y que nunca se le brindo una oportunidad de salir, o mejor dicho de entrar, a una zona de confort.

En este estado no hay posibilidades para el cambio que no surjan por fuera de la persona, y lamentablemente esta en una situación de indefensión que lo hace vulnerable, y candidato al aprovechamiento por parte de otros.
Es así como otros individuos o grupos aprovechan de esta situación para generarle una zona de confort, prestada o sin sustento, a cambio de una sumisión encubierta.
Claros ejemplos encontramos en los políticos populistas, en empresarios inescrupulosos, o en vendedores de ilusiones como muchas sectas existentes en el mundo.

Como vemos, el único camino viable es darle los medios para que la persona tenga acceso directo a oportunidades, por las cuales él mismo pueda ir generándose su zona de confort.

Otro punto de vista es el efecto sobre nuestro entorno (familiar, laboral, social, etc.) que generaran las decisiones que tomemos sobre nuestra zona de conforto, para un lado o para el otro.
El entorno puede actuar como freno o limitante, o también como motivador o impulsor. También las decisiones que tomemos pueden generar rupturas con nuestro entorno, es así que uno muchas veces arma su plan de vida personal, o profesional, sin contemplar el condicionamiento que el entorno nos generará.
Quedará en cada uno el análisis de riesgo/beneficio en cuanto a relaciones con terceros, siendo la negociación en pos de un equilibrio lo más recomendado, pero esto estará sujeto a los valores de cada uno lo que nos llevaría a un tema más complejo.

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