domingo, marzo 8

LA GOMORRA ARGENTINA


Hace unos días termine de leer Gomorra, un libro sobre la mafia napolitana, cuyo autor Roberto Savino esta amenazado de muerte por la camorra italiana. Además este jueves será estrenada la película en nuestros cines.

El tema es muy actual para nosotros, ya que si bien no tenemos una mafia tan organizada como la napolitana, creo que estamos en camino.

Nuestra mafia no se está organizando en torno a familias que adquieren el poder, sino más bien a sectores políticos que han ido adquiriendo a lo largo del tiempo, comportamientos similares, aunque menos sangrientos.



La sangre en argentina corre por otros lados, la delincuencia, que no surge como brazo armado del poder político mafioso, sino más bien como una consecuencia de los fracasos políticos de crear un país para todos.

A su vez ese comportamiento pendular que tenemos en nuestro país ha permitido que la balanza de la justicia, encubierta tras un sesgo garantista, se preocupe más por los victimarios, que por las victimas.

Un sistema carcelario, ineficiente y corrupto, promueve más la delincuencia que la reinserción de los presos en la sociedad, tras cumplir las penas que por un lado dicta la justicia, y que por el otro reduce, generando en la mente de los delincuentes el famoso lema “el crimen en la argentina no paga”.

También podríamos analizar que la exclusión genera pocas alternativas para aquellos que están en la pobreza. Ya hay familias con más de dos generaciones de desempleados, que viven de las dádivas del gobierno, y donde la cultura del trabajo ha desaparecido, no solo por la falta de oportunidades, sino por creer que su destino está atado al puntero de turno.

Esta situación no les permite encontrar su lugar, y ven muchas veces en la delincuencia no solo un medio para conseguir su supervivencia, sino también un camino para hacerse respetar.
Si desde el gobierno, que es quien debería dar el ejemplo, vemos como la pareja K, el prepotente Guillermo Moreno, y varios funcionarios y seguidores del kirchnerismo, nos demuestran a diario que con una actitud patoteril se puede manejar al país a su antojo, podemos también buscar una posible explicación del porqué del uso de la excesiva violencia por parte de los delincuentes.
Recuerdo un caso donde un detenido por asesinato aclaró, que había ultimado a su víctima luego de asaltarlo, porque este no lo había respetado.

Finalmente nos queda el flagelo de la droga. A diario leemos casos donde no solo argentina se ha consolidado como puerto de embarque de la droga latinoamericana hacia Europa, sino también como mercado de consumo.
Los recientes casos de colombianos asesinados y con relaciones con la droga nos indica que hay carteles que están luchando por el posicionamiento local.

Como vemos están dadas las condiciones para que la versión argentina del libro Gomorra se empiece a escribir. Quienes han leído el libro saben de lo triste que sería.
Sin embargo nuestros políticos, más que preocuparse por la solución, están interesados de cómo figurar en algún capítulo.

Por último hay un capítulo del libro que me impactó. Se refiere a Don Peppino Diana, sacerdote en Casal di Principe, una población ubicada en la región de Campania, en Italia. El día de su cumpleaños, el 19 de Marzo de 1994, fue asesinado de tres balazos mientras se preparaba para oficiar misa. La razón, una carta dirigida a los feligreses donde instaba a rebelarse contra la mafia.
De la misma extraje algunos párrafos para que pensemos cuán cerca estamos de ser la Gomorra argentina.


Asistimos impotentes al dolor de tantas familias que ven a sus hijos acabar miserablemente como víctimas o mandantes de las organizaciones de la Camorra. [...] Hoy la Camorra es una forma de terrorismo que infunde temor, impone sus leyes y trata de convertirse en un componente endémico de la sociedad de la Campania. Los camorristas imponen, mediante la violencia, las armas y los puños, reglas inaceptables: extorsiones que han hecho que nuestras tierras se conviertan cada vez más en áreas objeto de subvenciones y ayudas, sin ninguna capacidad autónoma de desarrollo; comisiones del 20 por ciento y más sobre los trabajos de construcción, que desalentarían al más temerario de los empresarios; tráficos ilícitos para la adquisición y venta de sustancias estupefacientes cuyo uso deja montones de jóvenes marginados y peonadas a disposición de las organizaciones criminales; enfrentamientos entre distintas facciones que se abaten como devastadores azotes sobre las familias de nuestras tierras; ejemplos negativos para toda la franja adolescente de la población, auténticos laboratorios de violencia y del crimen organizado [...]

La desconfianza y el recelo del hombre meridional frente a las instituciones, debida a la secular insuficiencia de una política apropiada para resolver los profundos problemas que afligen al Sur, especialmente los relativos al trabajo, a la vivienda, a la sanidad y a la enseñanza; la sospecha, no siempre infundada, de complicidad con la Camorra por parte de unos políticos que, a cambio del apoyo electoral, o incluso debido a objetivos comunes, les aseguran cobertura y favores;
el sentimiento generalizado de inseguridad personal y de riesgo permanente, derivados de la insuficiente tutela jurídica de las personas y de los bienes, de la lentitud de la maquinaria judicial, de las ambigüedades de los instrumentos legislativos. [...] lo que determina, a menudo, el recurso a la defensa organizada por clanes o a la aceptación de la protección camorrista;

la falta de claridad en el mercado laboral, por la que encontrar una ocupación es más una operación de tipo camorrista-clientelar que la consecución de un derecho basado en la ley de empleo;
la carencia o la insuficiencia, incluso en la acción pastoral, de una verdadera educación social, casi como si se pudiera formar a un cristiano maduro sin formar al hombre y al ciudadano maduro.

La Camorra llama «familia» a un clan organizado con fines delictuosos, en el que es ley la fidelidad absoluta, se excluye cualquier expresión de autonomía, y se considera traición, y digna de muerte, no solo la defección, sino también la conversión a la honradez; la Camorra usa todos los medios para extender y consolidar ese tipo de «familia», instrumentalizando incluso los sacramentos. Para el cristiano, formado en la escuela de la Palabra de Dios, por «familia« se entiende únicamente un conjunto de personas unidas entre sí por una comunión de amor, donde el amor es servicio desinteresado y atento, donde el servicio exalta a quien lo ofrece y a quien lo recibe. La Camorra pretende tener se propia religiosidad, logrando engañar a veces, además de a sus fieles, incluso a pastores de almas desprevenidos o ingenuos.

No hay comentarios.: