domingo, diciembre 21

LA REFORMA POLÍTICA


En un post anterior, La Politocracia y El Neofeudalismo, escribí que si queríamos lograr un cambio nos deberíamos comprometer como ciudadanos en el cambio. Si no seguiremos siendo siervos de los señores feudales; los políticos.
Es por eso que el primer paso que deberíamos lograr es una reforma política, que los políticos siguen prometiendo, pero que lógicamente no les conviene llevar a cabo. Sin ella seguirán digitando los destinos del país, sin tener en cuenta al pueblo, y será poco lo que podamos hacer para modificar el status quo con nuestro voto.

Considero que la forma de lograr la reforma política es diluyendo, o mejor dicho, democratizando el poder, y como hoy por hoy en la Argentina la caja es el poder, hay que lograr que tengan el menor acceso posible a la misma, o por lo menos por el menor tiempo posible.

Veamos algunas propuestas:

1. Coparticipación: para que podamos tener un verdadero federalismo debemos contar con una ley de Coparticipación que evite que las provincias estén subordinadas al poder central, ante la necesidad de hacerse de fondos.

2. Lista sábana: debemos volver a que los legisladores deban su cargo a los ciudadanos, y no a quien los puso en determinado lugar de la lista. Eliminando las listas sábanas no solo lograríamos esto, sino que además cada votante podría elegir a aquellos que considera mejor preparados como para que lo represente, independientemente del partido en que estén.
De esta manera en el congreso legislarían pensando en el votante, y no en el partido al que pertenecen. Es volver al voto conciencia en el congreso.
Finalmente, obligaría a cada votante interiorizarse más en las personas a quienes luego va a votar.

3. Reelección: que quede prohibida más de una reelección para todo cargo ejecutivo (presidente, gobernador, intendente, etc.). De esta manera aquellos que ocupen cargos ejecutivos estarán más pendientes por gobernar bien, que por ser reelectos.

4. Cambio de puestos: que esté prohibido abandonar el cargo por el cual uno fue electo (ejecutivo o legislativo), para pasar a otro funcional (ministros, secretarios, etc.).
En el caso que se quieran presentar a elecciones ocupando un cargo no ejecutivo deberá renunciar al mismo para poder abocarse a la campaña.

5. Posiciones ascendentes: habiendo ocupado un cargo ejecutivo, y habiendo hecho uso de la reelección, no podrá postularse para cargos de índole inferior (por ejemplo un ex gobernador que se presente a un cargo de intendente, o un ex presidente que se presente como candidato a senador). De esta manera aquel que haya sido presidente solo podrá dedicarse a dar conferencias, o escribir libros, evitando de esta manera que se perpetúe en la política rotando de puestos.

Estos son algunas ideas que nos permitirán la renovación de la clase política. También evitarán la concentración de poder, ya que la renovación constante de la clase política obligará a que los acuerdos se basen en principios más duraderos que la caja, ya que el poder se irá diluyendo con el paso del tiempo.

Como se pueden ver, hay algunas medidas que van hasta la médula del poder político, pero como ciudadanos debemos promover el cambio.
Estás son algunas ideas. Debe haber otras y mejores. Acá lo único que se busco es fortalecer la democracia, y que la misma sea en post del beneficio del pueblo y no de los políticos, quienes a la larga no son más que funcionarios públicos, desde el presidente hasta el último concejal, y es por ello que se deben ocupar de nosotros y no de su corporación.

Finalmente no suscribo a la frase “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”. Muchas veces, como en Argentina “se tienen los gobiernos según las opciones a que nos dejan acceder”

domingo, diciembre 7

ROBINSO CRUSOE Y EL COMERCIO EXTERIOR


Frederic Bastiat (1801-1850), periodista, legislador, economista y filósofo, escribió esta amena anécdota sobre economía.
En la misma podemos valorar las ventajas del comercio exterior. Es simple, pero no por eso menos importante y cierta. En la argentina que se viene, donde todos reclaman por más proteccionismo, veamos un poco más allá de nuestra narices, y veremos que de continuar por esta senda terminaremos como en los '80.

Creo que nuestra historia es rica en enseñanzas. Los '70, los '80, y los '90 nos dieron cosas positivas y negativas. Aprendamos de ellas para mejorar, no para volver al pasado.
Ahora los dejo con el cuento.....


Cierto día llegó a la isla una canoa. Desembarcó de ella un apuesto forastero y fue admitido a la mesa de nuestros dos reclusos. Este forastero probó la producción del huerto, la elogió mucho y antes de despedirse de sus anfitriones habló como sigue:

“Generosos isleños, habito un país donde la caza es mucho más abundante que aquí, pero donde la horticultura es completamente desconocida. Sería fácil traerles todas las tardes cuatro cestos de carne si vosotros me entregaseis a cambio dos cestos de hortalizas”.

Al escuchar estas palabras Robinson y Viernes se retiraron para consultar, y la discusión que tuvo lugar es demasiado interesante como para no consignarla íntegramente:

VIERNES - ¿Qué le parece?

ROBINSON - Si aceptamos la proposición, estamos arruinados.

V - ¿Está seguro? Considerémoslo.

R --El caso es evidente. Aplastada por la competencia, nuestra caza como rama de la industria, quedará aniquilada.

V --¿Pero eso qué importa, si tendremos los venados?

R --¡Teorías! Ya no serán el producto de nuestro trabajo.

V - Perdone, señor, porque para tener los venados tendremos que entregar hortalizas.

R - ¿Qué ganaremos entonces?

V - Los cuatro cestos de carne nos cuestan seis horas de trabajo. El extranjero nos los da a cambio de dos cestos de hortalizas, que solamente nos cuestan tres horas de trabajo. Esto nos deja tres horas libres.

R - Diga, más bien, que esas horas son restadas a nuestros esfuerzos. Ahí está la pérdida. El trabajo es riqueza, y si perdemos la cuarta parte de nuestro tiempo, seremos la cuarta parte menos ricos.

V - Usted está muy equivocado, mi querido amigo. Tendremos la misma cantidad de carne, la misma cantidad de hortalizas, y tres horas de más a nuestra disposición. Esto es progreso, ¿o eso no existe?

R - ¡Usted se pierde en generalidades! ¿Qué haremos con esas tres horas?

V -Haríamos alguna otra cosa.

R - ¡Ah! Comprendo. Usted no puede concretar. Alguna otra cosa, alguna otra cosa, eso es fácil decirlo.


V - Podemos pescar, adornar nuestra cabaña, leer la Biblia.

R - ¡Utopía! ¿Hay alguna certeza de que debamos hacer lo uno o lo otro?

V - Muy bien, si no tenemos ninguna necesidad que satisfacer, podemos descansar. ¿Acaso el descanso no es nada?

R - Pero mientras descansáramos nos moriríamos de hambre.

V - Mi querido amigo, usted se ha metido en un círculo vicioso. Hablo de un repose que no substraiga nada a nuestro abastecimiento de carne y hortalizas. Usted siempre olvida que mediante nuestro comercio exterior, nueve horas de trabajo nos proporcionarán la misma cantidad de provisiones que obtenemos en la actualidad con doce.

R - Es muy evidente, Viernes, que usted no ha sido educado en Europa y que usted nunca ha leído el Moniteur Industriel. Porque entonces habría aprendido que todo ahorro de tiempo es pérdida pura. Lo importante no es comer ni consumir, sino trabajar. De nada sirve lo que consumimos si no es el producto directo de nuestro trabajo. ¿No quiere saber si usted es rico? Nunca considere los goces que obtiene sino el trabajo que debe hacer. Esto es lo que el Moniteur Industriel le enseñaría. En cuanto a mí, no tengo pretensiones de teórico y sólo me preocupa la pérdida de nuestras actividades de caza.

V - ¡Qué manera de invertir las ideas! Pero...

R - Nada de peros. Además, hay razones políticas para rechazar las ofertas interesadas del pérfido extranjero.

V - ¡Razones políticas!

R – Sí, él sólo nos hace estas ofertas porque son ventajosas para él.

V - Tanto mejor, dado que también son ventajosas para nosotros.

R - Entonces con este tráfico nos colocaríamos en una situación de dependencia con respecto a él.

V - Y él se colocaría en situación de dependencia con respecto a nosotros. Nosotros necesitaremos su carne, él necesitará nuestras hortalizas y todos viviremos en términos de amistad.

R - ¡Sistema! ¿Quiere que le tape la boca?

V - Eso lo veremos. Todavía no he escuchado ninguna buena razón.

R - Supongamos que el extranjero aprende a cultivar un huerto y que su isla resulta ser más fértil que la nuestra. ¿No ve las consecuencias?

V - Sí, nuestras relaciones con el extranjero cesarían. Ya no se llevaría nuestras hortalizas, dado que podría tenerlas en su isla con menos trabajo. Ya no nos traería carne, dado que nada podríamos darle a cambio, y entonces nos encontraríamos precisamente en la situación en que usted nos quiere colocar ahora.

R - ¡Salvaje imprevisor! Usted no comprende que después de haber aniquilado nuestra caza inundándonos de carne, él aniquilaría nuestros huertos inundándonos de hortalizas.

V - Pero esto sólo duraría mientras estemos en condiciones de darle otra cosa, o sea mientras encontremos otra cosa que producir con economía de trabajo para nosotros mismos.

R - ¡Otra cosa, otra cosa! Usted siempre vuelve a lo mismo. Usted está en la luna, mi estimado amigo Viernes; sus opiniones no tienen sentido práctico.

El debate fue muy prolongado y, tal como sucede a menudo, cada cual siguió aferrado a su propia opinión. Pero como Robinson ejercía gran influencia sobre Viernes, su opinión prevaleció, y cuando llegó el extranjero para conocer la respuesta, Robinson le dijo:

“Mire, extranjero, para inducirnos a aceptar su proposición debe usted darnos dos seguridades: primero, que su isla no tiene mejores existencias de animales de caza que la nuestra, porque queremos pelear con armas iguales solamente. Segundo, que usted pierda en la operación. Porque, tal como sucede en todo intercambio, por fuerza hay una parte que gana y otra parte que pierde, y nosotros seríamos tontos si usted no perdiera. ¿Qué me dice?”.

“Nada”, respondió el extranjero, y echándose a reír volvió a subir a su canoa.