lunes, septiembre 29

REGULACIÓN ECONÖMICA: ¿MÁS O MENOS?


Estamos ante un momento mundial muy volátil y frágil. El sistema financiero mundial, con USA a la cabeza, esta en riesgo. Por otro lado los amantes de las regulaciones salen por debajo de las piedras para reclamar más controles, y declamar el fin de la era del libre mercado.
¿Pero lo que esta sucediendo es culpa del libre mercado, de las regulaciones, de la falta de control,……?
Veamos.

Si bien hay concepto que vale la pena repasar sobre el capitalismo, y sus participantes, no pretendo hacer un detalle profundo del mismo, ya que existe mucho material muy bueno escrito sobre el mismo.

El capitalismo es un sistema económico, en el cual predomina la propiedad privada, y donde la producción y la distribución de bienes y servicios, se realizan a través del libre mercado, donde la demanda y la oferta definen precios y cantidades.
En este sistema el capital es como la savia de las plantas o la sangre para los humanos: es lo que le da la vida. En dicho sistema la búsqueda del beneficio, la creación de valor, la competencia, y el emprendimiento privado de nuevos proyectos, son sus principales impulsores.


Al Estado no se lo relega, sino que se le asigna un valor muy importante como generar las bases para que el capitalismo pueda hacer lo suyo. Es por eso que es tan difícil encontrar un equilibrio sobre lo que debe hacer el Estado, para que por un lado no impida el desarrollo del capitalismo, pero por otro lado atienda las necesidades que el capitalismo no puede atender. Esto sucede básicamente porque no existe sistema económico perfecto (la utopía no es un sistema económico), y por las desigualdades que existen, y que hacen que dentro de un sistema capitalista no todos puedan competir de igual manera.
En este último punto vale aclarar que la educación forma parte de una tarea muy importante de la sociedad toda, como para nivelar para arriba. Otro punto importante es saber que todos somos diferentes, y siempre lo seremos, y por más que tengamos las mismas oportunidades, los resultados que cada uno obtendremos serán diferentes. Eso es lo que nos permite ser libres: ser dueños de nuestros éxitos y fracasos.
Por eso, y para cerrar este punto, el Estado debería concentrarse en que cada uno de los habitantes del mismo, tengan las mismas oportunidades. De los resultados nos deberemos ocupar y hacernos cargo cada uno de nosotros.

Un último punto que quiero exponer es sobre los especuladores, los llamados “buitres”, “usureros”, etc. Aunque no lo queramos, los necesitamos.
Los especuladores son los que aceptan riesgos, y obviamente mayor rentabilidad. Gracias a ellos los proyectos que recién inician pueden conseguir capital. Gracias a ellos uno puede comprar o vender cualquier activo financiero ya que siempre hay especuladores que están dispuestos a tomar riesgos. O sea, generan liquidez en los distintos mercados, lo que permite que las diferentes empresas y gobiernos se puedan financiar.
No es culpa de ellos si las empresas y/o países necesitan financiarse. Si un país maneja mal su economía, y necesita endeudarse, no es la culpa de los especuladores que compren esa deuda. Si a un gobierno se le presta al 6%, 10%, 15%, o al 20%, no es culpa de los especuladores, sino del estado de las finanzas de ese país que hacen que el riesgo de pago futuro de esa deuda sea muy alto.
No quiero concluir con que son “buenos”. Repito, son necesarios. A nadie, más allá de los discursos políticos, le ponen un revólver en la cabeza para endeudarse.
Finalmente, es cierto que los especuladores pueden impulsar los mercados para arriba o para abajo, muchas veces compartiendo responsabilidades en booms, burbujas, y cracks. Pero no menos cierto es que el ser humano es ambicioso, y se tienta cuando ve un mercado para arriba.

Ahora bien, ¿falló el capitalismo? Para mí no. Al contrario esta funcionando como se lo espera.
Al ser humano le gusta ganar todo lo que pueda por lo que hace, y mucho más, cuanto más riesgo se asume. Cuando la tasa de mercado es baja, se empieza a correr riesgos mayores para obtener una mayor renta.
Por eso los bancos tienden a ser más laxos con los créditos que otorgan.
Por otro lado los tomadores de créditos asumen mayores riesgos en los montos que piden.
Así tenemos que convergen quienes prestan a semi-insolventes, con gente que pide préstamos sobre sus viviendas para pagar el cambio de auto, o un viaje. Se juntan el hambre y las ganas de comer. Acá el mercado funciona. Lo que no funciona es el sentido común de los participantes. O mejor dicho, se afloja en épocas de bienestar.
Un ejemplo: siempre hay que usar el cinturón de seguridad, pero es más factible que no se use si se conduce a 20 km/hr, que si se conduce a 130 km/hr.

En este proceso el riesgo asumido como un todo empieza a crecer, hasta que alguien se da cuenta que la relación riesgo/beneficio ya no es razonable. Ahí empieza a cortarse la cadena, y comienza a rodar la bola de nieve que arrastra todo a su paso, mientras gana tamaño en el camino.
El mercado permite que una economía se expanda o se ajuste. Está en la naturaleza humana; el optimismo y el pesimismo. Y como la economía trata sobre la naturaleza humana, es imposible impedir que suceda. Ahí es cuando el Estado cree que tiene una función mayor e interviene retrasando o apurando los efectos.

En USA pasó eso. Se fue bajando la tasa para evitar una recesión, y se infló un globo. Y ahora el globo se pinchó, y la recesión va a ser mayor.
Como bien se dice; “en economía se puede hacer de todo, salvo evitar las consecuencias”.
USA tiene un problema. Gasta más de lo que genera, y por eso su deuda pública no para de crecer. El mundo sigue confiando en el gran país del norte, y le sigue prestando. Pero esta llegando la hora de que se ajusten. Si lo hubieran hecho antes el daño para ellos hubiera sido menor.
Si el resto del mundo hubiera medido bien los riegos, los hubieran obligados a ajustarse antes, y por ende el impacto a nivel mundial hubiera sido menor. Pero al mundo le interesaba que USA les comprara más bienes, aunque les pagara con deuda.

Ahora se viene un mega ajuste mundial. ¿Preferimos una cura dolorosa y rápida, o pretendemos retardarla en el tiempo pensando que por eso nos va a doler menos? ¿Pero y los daños colaterales, aquellos que sufrirán las consecuencias sin haber sido parte de la generación del problema?
Muchos se beneficiaron por la “bonanza inducida” de USA. China le vendió sus productos, y creció. Al crecer demandó más alimentos y más energía. Los precios de los commodities subieron, y los productores de los mismos se vieron favorecidos. Todo dependerá de cómo utilizaron esos mayores ingresos, para saber cuanto les afectará la crisis mundial.

Si queremos echarle la culpa de la crisis a la falta del Estado regulador, hagámoslo pero no nos engañemos. Las crisis son parte del ciclo de crecimiento del mundo y de los países. No intentemos creernos burócratas superdotados donde podemos decidir por miles y miles de personas. Dejemos que ellos decidan, a pesar de cómo ser humanos puedan errar.

Es preferible aprender de nuestros errores, que vivir de los ajenos.

1 comentario:

Ramón Mier dijo...

Johan Norberg nos advierte que antes de darle más poder a quienes hoy lo tienen con el pretexto de salvar al mundo de una crisis financiera se debe revisar lo que hicieron con el que ya tenían y su rol en la creación de la misma:


COMO CREAR UNA CRISIS
Como suele suceder, todos culpan a los mercados y piden mayor regulación cuando surge una crisis financiera. Pero hoy en el diario Dagens Industri (en sueco, solo subscriptores), les recuerdo a los lectores alguno de los hitos en la historia previa a la crisis:

1933: Como parte del New Deal, se les prohíbea los bancos de inversión actuar también como bancos comerciales ( lo que les habría dado acceso a depósitos bancarios y una mayor estabilidad).

1938: Como parte del New Deal, el presidente Roosvelt crea la asociación hipotecaria Fannie Mae y en 1970 el congreso crea Freddie Mac. Con la garantía implícita de que el gobierno los respalda pueden ofrecer préstamos más baratos y se expanden hasta dominar el mercado estadounidense de hipotecas.

1989: El gobierno americano decide intervenir y pagar por la crisis de las asociaciones de ahorro y préstamo (S&L crisis), lo cual crea un precedente: Si tomas riesgos muy grandes con préstamos hipotecarios, el gobierno te rescatará.

1995: El Community Reinvestment Act (Ley de reinversión en la comunidad) es modificada para prohibir que los bancos y las sociedades de préstamo se concentren en prestar a los ricos y les obliga a otorgar préstamos para la adquisición de vivienda a personas con ingresos bajos y medios. A cabio, se les permite agrupar y vender esos créditos riesgosos a terceros, algo que Bearn Stearns comienza a hacer en 1997.

2001-2003: En lugar de permitir que el mercado eliminara a los malos negocios y préstamos tras el estallido de la burbuja de las “punto com” y tras los ataques del 11 de Septiembre, la Reserva Federal reduce las tasas del 6.5% a 1%. La recesión es corta, pero el precio que se pagó fue una expansión de la oferta monetaria que da lugar a la burbuja inmobiliaria.

Los precios de las viviendas aumentaron, la gente pidió más prestamos, y Mae y Mac alcanzaron razones de apalancamientos de 60 a 1 (algo que festejaron los Demócratas quienes ahora culpan al libre mercado de la crisis) para poder seguir otorgando préstamos a personas que realmente no podían pagarlos. Mientras tanto, todos los involucrados pensaban que no tenían nada que perder en realidad, porque el gobierno los rescataría.

Solamente hizo falta que las tasas de interés subieran a niveles tradicionales para que la burbuja estallara (con la ayuda de la nueva regulación contable). Los bancos de inversión independientes al no tener acceso a los depósitos se colapsaron y por poco acabaron con todo el sistema financiero.

Todos aquellos que hoy piensan que la solución es darle mayores poderes a los políticos, autoridades y bancos centrales deberían por lo menos tomarse la molestia de ver lo que hicieron con el poder que ya tenían. Los tomadores de decisiones en el mercado llegan a tomar decisiones sin pensar en el largo plazo de vez en cuando. Los tomadores de decisiones en el gobierno también.