lunes, mayo 26

MÁS ALLÁ DEL CAMPO


La Argentina está transitando por una etapa de definiciones. Estamos en búsqueda de nuestra identidad. No solo de que tipo de país queremos, sino como lo vamos a conseguir.
Considero que a esta altura gran parte de la sociedad está de acuerdo que tiene que ser un país para todos, sin exclusiones. Entonces, ¿Qué discutimos? ¿Cuáles son las diferencias?

La implementación de las retenciones móviles, desencadeno una discusión de fondo de cómo se llegará a esta nueva argentina. Hoy, el pueblo nos se pregunta como el 25 de Mayo de 1810, “queremos saber de que se trata”, sino “queremos saber como se va hacer”.

La Argentina tiene un sistema democrático muy particular. Analicémoslo.

Cada 4 años tenemos elecciones a presidente. Las mismas son libres pero condicionadas. Primero los candidatos no suelen ser electos por internas, sino por acuerdos obscuros que no permiten a los diferentes afiliados dar su opinión. Segundo no existen los debates entre los diferentes candidatos a presidente. Esto debería ser obligatorio, ya que quien se ve triunfador por las encuestas no quiere arriesgar su posición ante un debate. De esta forma los votantes no tenemos oportunidad de evaluar al mejor candidato.
Por último existen métodos de los más diversos para direccionar los votos, aprovechando las necesidades de muchos.
Como vemos ya el proceso democrático se inicia con vicios de institucionalidad. El votante cuenta con elementos muy limitados para votar con total libertad, ya que se le restringe el acceso a la información disponible para votar a conciencia.

Si bien nuestra constitución habla de tres poderes, la realidad es que nuestra democracia es presidencialista a ultranza. Las provincias dependen de los recursos que les pueda proveer el gobierno central. Esto obliga a que los gobernadores, diputados y senadores a alinearse detrás del mismo. Sin recursos para las provincias se quedarían a su vez los gobernadores, sin la posibilidad de obligar a los políticos locales, a alinearse detrás de ellos, y por ende perder la gobernabilidad.
Es así que se genera una cadena compuesta por eslabones que se alinean unos a otros, olvidando por completo quien fue el que los puso en sus funciones, el voto del pueblo.

Este poder del gobierno central le permite obtener prerrogativas tales como reemplazar al congreso en la formulación de leyes, como se nota en los abusos que se hacen de los decretos de necesidad de urgencia. Por otro lado la posibilidad de que el congreso se alineé con el gobierno central, le permite a este último ejercer una fuerte presión sobre la justicia en general, ya que puede perfectamente, y de hecho ha sucedido, buscar jueces que le sean favorables.

El entramado no termina. El poder del gobierno central, perdida ya la independencia de los otros dos poderes, el reemplazo del federalismo por el centralismo, y con la desaparición de la independencia de criterio, continúa con los sectores económicos y sociales.
La discreción con que el gobierno central puede afectar a los distintos sectores de la economía, para bien o para mal, hace que los mismos se acerquen por distintas razones.
Unos porque sin beneficios, o favores, no podrían subsistir como empresas. Estos son los típicos casos de empresas y empresarios que siempre han vivido a costa del gobierno de turno, cuyo único interés es subsistir, y por ende los vemos y los veremos en todas las fotos con los distintos presidentes.
Otros, que tratando de ser independientes, no les queda otra que ceder o perder la empresa.
Finalmente tenemos a aquellos que por principios, o porque tienen algún respaldo importante (por ejemplo empresas extranjeras) soportan el embate.

Otro capítulo merece los medios de comunicación. El alinearse al gobierno tiene más beneficios que el estar en la vereda de enfrente. La pauta publicitaria oficial es muy redituable para como no contar con una participación en la misma. Por otra parte conseguir leyes que permitan la concentración de los medios, generan otro incentivo como para no pelearse con el gobierno de turno.
Todo esto agrava la falta de información veraz que la sociedad consume, tanto por que se está del lado del gobierno, como cuando se está enfrente para presionar por algún beneficio.

Del lado social es muy fácil incorporar a sectores necesitados, donde el gobierno central puede hacer que esas necesidades se reduzcan, desaparezcan, o se mantengan. Además quien los puede culpar. Una cosa es lograr un mejor posicionamiento como vimos en los párrafos anteriores, y otra cosa es querer vivir dignamente.

Como vemos la suma del poder público en un gobierno centralizado genera en el mismo una forma de gobierno que gira alrededor de la no perdida de poder. Cualquier estrategia tiende a ser de corto plazo, para no perder las riendas. Un plan que contemple el crecimiento de la sociedad en el largo plazo, debilita la estrategia de mantenimiento de poder, ya que deberá ceder en el corto plazo para cosechar en el largo plazo. Y tal vez sea otro gobierno que coseche en el largo plazo, aunque el beneficio en pos del pueblo sea evidente.

En la medida que uno utilice la estrategia de la concentración del poder como forma de gobierno, no la puede abandonar. Sería un suicidio político ya que muchos de los que acercan al gobierno no lo hacen por principios, sino por conveniencia. Y son los primeros en apartarse cuando los vientos cambian. La desconfianza del gobierno es racional, ya que son concientes de la inestabilidad del poder cuando el mismo es un fin en sí mismo.
Por eso tratan de perpetuarse (re-elección, re-re-elección, nepotismos, etc.).

Esta forma de hacer política, muy común en la historia de nuestro país, debe ir acompañada si y solo sí de una generación de recursos monetarios que permita alinear a las fuerzas. Si uno agrupa el poder, pero sin recursos para distribuir, el poder se desvanece por sí mismo.

Hemos podido ver que la democracia que tenemos en la argentina no es la que figura en nuestra constitución, ya que no tiene como objetivo el bienestar de la nación, sino el mantenimiento del poder. El poder político pasa a ser una profesión, una carrera, un estilo de vida, en general altamente rentable, donde uno ingresa con un nivel económico medio/bajo, y se retira con un nivel económico alto. Mientras tanto el pueblo se empobrece.

Por eso, más allá del campo, la modificación de las retenciones se desempolvo otros planteos. No se basa en que el campo no haga su aporte a la sociedad. De hecho ya lo hace a través de las retenciones previas a las modificaciones, del impuesto a las ganancias, y del resto de impuestos que paga. Nadie se opone a aportar para mejorar la situación de los excluidos, pero nadie quiere que esos fondos sirvan para mantener el poder, efectuar gastos que no ayudan al desarrollo del país, y menos para no solucionar los problemas acuciantes (ej.: tren bala versus mejora en los trenes actuales).
También exigir aportes superiores, cercanos a la inconstitucionalidad, sin ningún tipo de consenso con el sector involucrado hace que las medidas pierdan legitimidad. Encima, si las razones esgrimidas, que supuestamente avala esta medida, no son claras:

- redistribución de ingresos: el gobierno ya cuenta con recursos suficientes para llevarla a cabo, pero no logra los objetivos ya que los fondos se desvían hacia otros fines. Además hay impuestos regresivos que el gobierno mantiene que se contradice con los objetivos de distribución que suele levantar (por ej.: el IVA)
- evitar el monocultivo con la soja: si esto fuera así se hubiera reducido drásticamente el resto de las retenciones para favorecer otros cultivos, o se hubiera encarado seriamente una política agropecuaria de largo plazo.
- precios: la soja no se consume localmente; el trigo tiene una baja incidencia en la elaboración por ejemplo del pan; el consumo de carne es muy alto (80kg por año por persona) para los estándares mundiales, y encima los cortes que se exportan no son los de consumo popular. Además la política ganadera aplicada en los últimos años han generado como resultado una reducción del stock ganadero.

La única razón valedera termina siendo aumentar la caja, y por ende seguir con la política de mantenimiento de poder como fin último. Y esto es lo que el común de la gente se ha cansado de tolerar. La soberbia de nuestros políticos. Su intransigencia. Su actitud divisionista, generando siempre un enemigo enfrente para justificar sus medidas, y la confrontación como táctica de gobierno, inflando los conflictos nos llevaron a donde hoy estamos. Un país con dos festejos por el 25 de Mayo.
Los políticos que ocupan cargos públicos son empleados del pueblo, de todos los habitantes. Se deben a ellos, no a sus partidos políticos o a sus compañeros de profesión.
Pero lamentablemente, como esta estructurado la política en argentina, es difícil que cambie.

Es por eso que estamos cerca de un quiebre. El pueblo esta reclamando más institucionalidad en el país. El reclamo no son las retenciones. El reclamo es que se gobierne para el pueblo, pensando no solamente en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones. Pero no creo que el gobierno lo haya entendido. Su respuesta fue hacer un acto con el aparato, no con el pueblo. Mientras en un acto había solo banderas argentinas, en el otro había banderas sectoriales.

El gobierno es quien tiene la obligación de generar el dialogo. Acá no importa quien cede o no. Acá lo que importa es el país. Pero si lo que sigue importando es el poder, no va haber dialogo. Y el dialogo no son las retenciones. Es un país federal, con real participación de las provincias. Un país sin exclusiones, sin vividores de la política. Pero la caja es grande, y la ambición también. Ya no existe el sacrificio por lo público que tuvieron nuestros próceres. Ni del lado del gobierno, ni del lado de oposición, la cual ya no existe ya que la misma política la fue aniquilando, ya que nadie quiso perder su cuota de poder.

Veamos pues más allá del campo. Veamos como podemos recuperar nuestras instituciones. Que cada poder cumpla con lo que manda la constitución, por el bien de todos los que habitan nuestra república.

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