martes, marzo 4

LATINOAMERICA UNIDA JAMAS SERA VENCIDA


Con la muerte de Luís Edgar Devia (nombre de guerra: Raúl Reyes), número dos de las FARC, por parte de fuerzas militares colombianas en la frontera con Ecuador, se abrió un nuevo capítulo de la historia de Latinoamérica, cuyo final puede terminar mal.

Veamos en principio cuales son los actores de este nuevo capítulo:

La FARC lleva casi medio siglo luchando contra los diversos gobiernos colombianos, por un supuesto cambio social, que con el tiempo migró a ser una fuerza de choque del narcotráfico, manteniendo su lucha social como maquillaje. Son sanguinarios ya que no solo se enfrentan con el gobierno de turno, sino que matan a todo aquel que no se les quiera unir.
Como todo terroristas. Son asesinos y secuestradores. Con todo lo ocurrido es de esperar que reacciones con medidas más violentas.

Mientras tanto, Colombia ha venido manteniendo una política errática. A veces dura, otras veces dialoguista, y otras veces con ceses del fuego. El resultado no cambió, ya que es muy difícil combatir a las FARC en un terreno selvático, y donde cuentan con la complicidad de Ecuador y Venezuela para pasarse a sus territorios sin que se lo prohíban.

Por otro lado están los rehenes, por un número cercano a los 700, muchos de los cuales permanecen desde hace años privados de su libertad. La FARC los utiliza no solo para generar fondos, sino también para generar miedo, y atraer la atención internacional sobre este conflicto interno de Colombia, con la intención de globalizarlo y que terminen siendo reconocidos como estado beligerante por algún organismo internacional.
Sufren padecimientos, y su futuro depende de lo que la FARC decida, ya que demostraron en el pasado que con el dialogo no se lo lograron más que un par de liberaciones.
Por otro lado los familiares de los rehenes, haciendo lo que cualquiera haría, le piden al gobierno de Uribe que sea más contemplativo con los terroristas, o que ceda en sus reclamos para lograr la liberación de sus seres queridos.

Otro actor importante, y por momentos payasescos es el presidente de Venezuela, el comandante bolivariano Hugo Chávez. Un personaje que saltó a la fama como saltó el precio del petróleo. Sin el petróleo a u$100 por barril, su soberbia, prepotencia, falsa democracia, ya no tendría que ser soportada por los venezolanos. Esta especie de Rey Sol, estilo Luís XIV, pretende que toda Latinoamérica termine pensando como él. Suele opinar sobre todo y todos, pero al momento de hacer negocios no le interesa si el cliente resulta ser el “diablo mismo” como el suele llamar al presidente de los EEUU, George Bush. ¿Para que le vende petróleo si tanto lo odia?
Amigo de los terroristas del mundo, colabora con la FARC, inmiscuyéndose en asuntos internos de otro país, desgarrándose luego las vestiduras cuando otro país se mete con el suyo.
Estos personajes que solemos sufrir los latinoamericanos, como si fueran enviados de algún dios, para resolver todos nuestros males.
Y encima financia campañas presidenciales como las valijas para Cristina K.
Ni que hablar de los negociados con De Vido S.A. (no tan anónima ya que se sabe para quien trabaja De Vido).

En cuanto a Ecuador es lógico su reacción ante una incursión militar, en territorio propio, de otro país, pero no termina de quedar en claro cual es la posición de Rafael Correa en cuanto a la FARC. Es bien conocida la posición oficial de no impedir el ingreso de los terroristas a territorio ecuatoriano para escapar del ejército colombiano.

Después tenemos a EE.UU. Siempre su política externa ha sido bastante errada. Colabora con quienes después terminan siendo sus enemigos, y deja de lado a aquellos a quienes luego reclama cooperación. Por otra parte, su dependencia petrolera lo obliga a tener una relación ambidiestra con Chávez, aunque le generarse algún conflicto ya sabemos de que lado estaría.

Luego como actores de reparto están Cuba, el resto del mundo, y la Argentina.
Cuba más allá de un apoyo simbólico a la republica bolivariana, y haber sido el precursor en exportar su revolución en los ’60 y ’70, no cuenta. El resto del mundo, salvo Francia por el efecto popularidad que le podría generar al primer ministro francés Nicolás Sarcozky la liberación de Ingrid Betancourt, y alguna que otra organización mundial, no hay mucho para decir.
Y por último quedamos nosotros, los argentinos, representados por los Kirchner, Taiana, D’Elia, Hebe de Bonafini, todos reivindicadotes de la lucha de los ’70, con lo cual también avalan a la FARC, ya que nunca la han repudiado a pesar de que supuestamente ellos bregan por los Derechos Humanos, pero no les incomoda lo que hacen estos terroristas a los rehenes.
También le debemos muchos favores a Chávez, de los que sabemos, y de los que no sabemos pero que viajan en valijas.

Como conclusión, y ante la próxima militarización de la zona (Chávez ordenó la movilización de 10 batallones a la frontera con Colombia) no se ve un futuro tranquilo en dicha zona. Solo queda que la actitud de Lula de buscar una solución diplomática llegue a buen puerto.
Muchas veces notamos en la Copa Libertadores, que más que un campeonato de fútbol, todos los involucrados lo sentían como si estuviéramos en guerra. Esperemos que esa sensación siga dándose solo en las canchas por el bien de la siempre reclamada, y nunca cumplida, unión americana.

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