martes, noviembre 13

HABEMUS OPOSSITIO

Finalmente la oposición acordó. Sobre la base de principios básicos decidieron dejar de lado sus apetencias personales, sus desacuerdos históricos, sus diferencias ideológicas, y todo aquello que los separara. Por el bien de una democracia, donde siempre existe un partido que gobierna y otro que lo corrige desde enfrente, volvimos a tener oposición.

No crean que Carrió, Lavagna, López Murphy, o Macri se unieron. No hubieran sido coherentes.
De la oposición que hablo es la del mismo peronismo. Siempre que el peronismo gobernó, la única oposición valedera surgió desde adentro del partido.
En los ’70 la izquierda versus la derecha peronista. En los ’90 Menem versus Duhalde. En el 2003 Duhalde versus Kirchner. Y ahora las internas y los sindicalistas versus Kirchner.

Después que ganó las elecciones Cristina Kirchner, empezó una disputa en el grupo cercano a la Familia K entre Julio De Vido y Alberto Fernández para ver quien de los dos se quedaba. Ambos movieron sus peones; Guillermo Moreno y Miguel Peirano respectivamente. Por ahora afuera Peirano.
Esta claro que tanto De Vido como Fernández son alfiles, uno del Rey Negro y otro de la Reina Blanca. Veremos como sigue el partido.

Pero como no todos entienden ajedrez, apareció otro con la intención de patear el tablero. Fue buena la excusa de la norma que “impondría” un sistema de puntajes para las infracciones de tránsito para los camioneros, colectiveros, y taxis (me referiré a esto en un párrafo final). Enseguida la obra teatral. Moyano mando sus huestes (por lo que se vio por TV había pocos con pinta de trabajadores de dichos gremios), agredieron a la policía, estos devolvieron, y se armó el último acto: Hugo Moyano amagó a parar el país. A Néstor Kirchner no le quedó otra que salir a negociar. ¿Que negocio? No sé, pero ya lo veremos. Por lo pronto Moyano le transmitió a Cristina: “Uds. jueguen al ajedrez pero a mi alguna ficha me dan o les pateo el tablero”.

Como vemos, Habemus Oppositio, y de lo mejor. Un grupo de mafiosos, retrógrados, que nunca contribuyó a nada positivo hacia el país, y solo se ocupó de llenar sus bolsillos. Habría que ver si no fuera obligatorio, cuantos afiliados tendrían. O cuantos los seguirían en sus paros si no usasen tácticas mafiosas. Porque mientras ellos quieren mantener su poder, la gente quiere trabajar, progresar, y no vivir como en tantos momentos de la historia argentina, a merced de sus paros generales.
Por eso a Cristina le apareció el peor opositor, el sindicalismo argentino.

Finalmente quiero hacer un comentario sobre la norma que quieren imponer en la Ciudad Autónoma. Primero creo que es una norma, que al margen de algunos ajustes, debería existir en todo el país, para todo el que maneja, incluidos ciclistas, motoqueros, y porqué no peatones.
Segundo, ¿qué pretenden los colectiveros y taxistas? ¿Seguir siendo los dueños de la calle? Con la excusa que están trabajando todo el día, se creen que eso les da derecho a violar cuanta norma de tránsito existe. Para que sepan no son los únicos que trabajan todo el día, y que también están sujetos a presiones. Hay millones de argentinos como ellos. Si creen que no van a poder cumplir con esta norma que se busquen otro empleo. El gobierno de la ciudad no debe negociar la comodidad de ellos por la vida y los bienes de la gente común, que sufren a diario la prepotencia de gran parte de los taxistas y colectiveros.

Ahora sí, termino con unas palabras para el Sr. Aníbal Fernández, Ministro del Interior. Me parece correcto que si un Guardia de Gendarmería le pegó brutalmente a un manifestante que se encontraba herido y tirado en el piso, se lo pase a disponibilidad previo sumario. Pero también quiero que los manifestantes agresores sean juzgados por los hechos de vandalismo, ya que una democracia que se precie como tal, no puede permitir estas actitudes.

1 comentario:

Mercedes dijo...

Es muy cierto lo que vos decis.Pienso que si alguna ONG o grupo de ciudadanos nos reunieramos a manisfestar su apoyo a la ley a lo mejor le quitaríamos algo de fuerza a esta gente. Cierto que sería una incomodidad y que nadie nos pagaría por ello, pero creo que valdría la pena.