miércoles, febrero 29

PERDÓN POR PECAR, ME ROBE UN CORAZÓN


No se como ocurrió. No use armas, ni ningún tipo de violencia, pero un día me encontré con un corazón que no era el mío en mis manos.

Mi primera reacción fue correr. Esconderme.
El miedo me dominó.
Que había hecho me preguntaba, aunque no hallaba respuesta.

No sabía a quien recurrir. No era una situación normal. Yo tenía el corazón que le pertenecía a alguien.
¿Como podría vivir esa persona sin su corazón?

Camine por las solitarias calles de la ciudad.
Su oscuridad me ayudo a esconderme, y a relajarme para pensar.
Pensar en lo sucedido. En como había llegado un corazón extraño a mis manos.

Lo primero que recordé fue el haber salido a vivir. Dejar atrás mi zona de confort. Salir a recorrer el mundo.
Después empecé a vislumbrar el camino recorrido. Surcos y senderos complicados, llenos de espinas y cardos, pero con final de caminos rodeados de frescas lavandas y jazmines.

Tuve que subir y bajar. Cruzar ríos y océanos. Conocer y desconocer gente.
Recuerdo que cada vez que giraba mi cabeza veía mis huellas sobre el camino recorrido.

Pero así y todo, no recordaba el porqué del corazón.

Seguí pensando.

¿Quién en su sano juicio me daría su corazón para que lo tuviese? Lo tengo que haber robado, arrebatado, o sustraído con algún vil engaño.
Esos eran los pensamientos que recorrían mi mente.
No me creía digno de recibir un corazón como si fuera un regalo.

Seguí transitando por la vida. Nunca tuve problemas, traté de agradar, pero no empalagar. En fin, ser auténtico. Con mis virtudes y mis vicios.
Tómalo o déjalo.

Es una fórmula poco utilizada en este mundo artificial, engañoso, disfrazado de realidades intercambiables como los principios, sin valores sustentables.

¿Qué vieron en mí como para que guardara tan preciado tesoro?
¿Y sino fue así, y yo lo arrebaté en acto de locura y ambición?

Mi inseguridad de ser merecedor de esa dicha, se enfrentaba en ruidosa lucha con la envidia interna de todo ser humano que no permite ver corazones contentos.
¿Cuál había sido el triunfador en semejante batalla?

Pasaron días, meses, años.
La duda me perseguía como una sombra. No había forma de esconderme.

Ya viejo, arrugado, y con la memoria cansada pude ver a una joven sonriente. Su mirada inocente y jovial me miro fijamente.
Sus labios recubiertos de miel se movieron silenciosamente como las alas de un colibrí, y de esa caverna misteriosa se oyó:

“Gracias por permitirme ser feliz, aunuqe la felicidad dependa de uno.
Te dí mi corazón para que bailara de alegría. Para que pudiera recorrer los confines de la tierra, sin ataduras, entregándose al sano disfrute.
Sin saberlo has encarado esta cruzada desinteresadamente, y sin esperar nada cambio.
Es más, has sufrido en gran parte del camino, por no saber el final del mismo.
Creíste robar mi ser más preciado, más yo te lo he entregado como parte de un intercambio por todo lo que me has dado.
Nunca fuiste consciente de tu generosidad, la cual se extendió como una mano gigante que supo acogerse a mi ser.
No hace falta que pidas perdón, ya que no has pecado. No has sustraído, ni robado, ni usurpado bien alguno.
Mi corazón se te ha entregado en forma consciente ante semejante ser. El mismo decidió tomar vida propia para saltar los muros de su propio cuerpo, para vivir en armonía junto al tuyo”.

Luego de escuchar sus palabras, cerré los ojos y descansé en paz…….

viernes, febrero 10

EL LOCO


No recuerdo cuando apareció en esa esquina por primera vez. Los graciosos dicen que vino con Colón y que se lo olvidaron.
Otros que bajo de un plato volador que estaba buscando a ET.

Siempre vestido con el mismo desgastado y marchitado smoking, y con su sombrero playero. Una mezcla de Chaplín y el Capitán Piluso, pero sin la alegría de estos.
Su mirada triste y perdida nos llevaba por los distintos caminos de la imaginación, en busca de alguna explicación o historia que nos aclarara sus orígenes.

No hablaba con nadie o con todos. Más bien se decía que hablaba consigo mismo en voz alta. Un mensajero de su interior que se expresaba en una lengua inentendible para el ser humano. Una amalgama de sonidos que se esforzaba por decir algo. Por contar un cuento, una historia.
En síntesis un relato sobre su vida pasada y su estado actual.

Era el tema de conversación a diario de las chismosas de la peluquería o de los jubilados que hacían sus compras en el viejo almacén, último reducto de lo que alguna vez realmente fue un barrio tranquilo.

Aunque lloviese a mares, o aunque el sol derritiese al mismo infierno, no dejaba de aparecer día tras día en su esquina. Su refugio de este mundo. Su hábitat natural.
Nunca se lo vio ni comer ni beber mientras permanecía ahí parado.
Era el primero en estar y el último en irse. Ya era parte de la arquitectura urbana del lugar.

Tal vez purgaba algún pecado. Una cruz que decidió cargar para compensar un pasado oscuro.
Tal vez esperaba al amor de su vida. Una cita nunca llevada a cabo, sobre la cual él nunca perdió las esperanzas.
Tal vez se ilusionaba con que alguien le hablara para contarles algo.
O solo pretendía que se lo tuviese en cuenta. Sentir que existía, que no era un poste más de la esquina.

Su única compañía comprobada, han sido los escasos pájaros, que revoloteaban a su alrededor, como renovándole el oxígeno con sus alas.
Dicen que algunas veces los niños pequeños se le han acercado a hablarle. Hasta hay un vecino que dice haberlo visto sonriendo a una niña de ricitos de oro y pecas.
Mitos urbanos que le dieron mayor trascendencia a su presencia.

Los adultos nunca nos hemos podido acercar. No es que nos asustaba su presencia, pero quien quiere ponerse a hablar con un loco, habiendo tantos problemas reales por los cuales ocuparse.
No es que nos fuese a hacer algo, si hasta tenía cara de bueno. Pero para que cargar con los dramas y vivencias de una persona que había decidido vivir de esa manera.
Debió haber un motivo muy fuerte para que fuera así, una razón más para no enterarse.

No recuerdo el día, solo que fue en otoño ya que las hojas comenzaban a abandonar el cómodo refugio de los árboles.
Esa mañana el loco no vino a la cita. Su esquina quedó desnuda de su presencia.
El barrio quedó desnudo. Las culpas por no haberle tendido una mano, o haberse prestado a escucharlo nublaron la mente de muchos, y hasta algunos lloraron.

Con el tiempo todo volvió a la normalidad. Pero él no volvió.

domingo, febrero 5

FANTASMAS


El relato que paso a contarles, no sé si me ocurrió realmente o lo soñé. Ambas situaciones se entremezclan y no me permiten saber la verdad.

Es cierto que a veces duermo y sueño con los ojos abiertos, como queriendo asegurarme que sigo atado a mi mundo personal, y que todas las ocurrencias engañosas de mi mente, son solamente irrealidades, no parte de mi vida.
No menos ciertos es que hay días en que vivo con los ojos cerrados, como queriéndome ocultar de la realidad, o tal vez por un exceso de confianza, al entregarme a la vida sin mirar ni ver.

La cuestión, y vamos directo al grano, fue que un día en mi cuarto aparecieron de la nada, cuatro figuras desdibujadas volando sobre mí.
No hubo miedo en mi reacción, sino una falta de comprensión de la situación. Un arma de defensa tal vez más útil que el miedo. Una forma de negar lo que mis ojos me devolvían, para darle tiempo a mi mente a racionalizar el extraño encuentro.

La sorpresa fue mayor cuando se estacionaron sobre los pies de mi cama, y comenzaron a comunicarse conmigo. No usaban palabras, ni sonidos, pero mi mente podía traducir esa extraña forma de habla y ajustarla a mi comprensión.

La primera comenzó a enumerar las personas que me habían abandonado, rechazado, o ignorado. Poco a poco el círculo de relaciones humanas me lo fue achicando, aprisionando, hasta solo dejarme un punto donde me pude esconder.
Prosiguió describiendo el espacio mínimo en que ahora me encontraba, sobre un punto, con pocos milímetros cuadrados de lugar para que pudiera moverme, y con menos milímetros cúbicos para respirar. Sin querer me empecé a asfixiar. Estaba logrando su cometido.

Ahí le pasó el turno al segundo espectro, quien con un tono pausado y firme maniató a mi mente, y la arrastró por los caminos del fracaso, mostrándome errores y equivocaciones de acciones pasadas, y las lastimosas consecuencias.
Así fue como el piso de mi punto desapareció, y comencé a caer en un pozo sin final, queriéndome aferrar a aquellos logros que creía recordar.

Antes de llegar al final de mi caída, el tercer aparecido comenzó con su monólogo. Como un estratega de la guerra, fue manejando su alocución para que mi mente se fuera preparando para el dolor de la caída, y que la misma sufriera más que el cuerpo mismo.
Ya no sabía si mi cuerpo había golpeado fuertemente contra el suelo, pero mi mente gritaba de dolor por roturas de huesos que no se habían roto, y por vertientes de sangre, de heridas que no se habían producido.

Ya mareado ante semejante espectáculo comenzó a comunicarse el cuarto fantasma, el más oscuro y siniestro de todos. Solo escucharlo hacía que mi cuerpo se estremeciera de un frío gris.
Ya mi cuerpo ni dolía ni sangraba. Es más, ya no tenía cuerpo. Solo un espíritu quedaba presente, enfrentando el último ataque de la muerte.
Con una habilidad manifiesta, fue dibujando su argumentación del porqué mi espíritu debería seguirlos, como los mortales que se entregaban a sus brazos, y dejaban que sus destinos fuera manipuleados por ella.

Aquí termina mi relato. No recuerdo más. No sé si fue real o soñado. Solo sé que a partir de entonces, cada día que pasa, lo vivo con mayor intensidad.

A la soledad la lleno con pensamientos, disfrutes, amistades, y amores.
Al fracaso lo lleno con esfuerzo, pasión, aprendizaje, y esperanza.
Al dolor lo lleno con valentía, fortaleza, superación, y perdón.
Y a la muerte la lleno con vida, más vida, mucha más vida, y con seguir viviendo……

viernes, enero 27

QUIEN


Me presente tal cual soy. Simple, con ganas de conocerte.
Transparente como el agua que fluye del manantial.
Sin ases escondidos bajo la manga, ni gatos encerrados.
Con una mirada franca y profunda que invita a conocer mi alma.
Pero no me aceptaste.

Me presente con un disfraz. Ocultando mi ser; mi yo.
Mis palabras y movimientos eran calculados. Nada era natural.
Una proyección distorsionada del original, oculto en otro lugar.
Un rompecabezas con piezas elegidas al azar para engañar.
Pero no me aceptaste.

Me presente arrogante. Queriéndome llevar todo por delante.
Imponiendo mi pensamiento único, sobre la libertad de pensar.
Devaluando cada idea y acción que no surgiera de mis entrañas.
Cercando el espacio vital, para que no pudieras desarrollarte.
Pero no aceptaste.

Me presente dócil, sumiso, dispuesto a agradar sin reproches.
Borre mi personalidad, y la llené con tus deseos interminables.
Deje de ser yo, para ser tu propiedad, tu arcilla, tu querer.
Me obligue a dejar de vivir, para que vos vivieras por mí.
Pero no me aceptaste.

Me presente indiferente. Distante. Inalcanzable.
Dibuje estereotipos interesantes para llamar la atención.
Pero puse barreras y muros para generar tu deseo indomable.
Empuje tus motivaciones hacia mi propio ser.
Pero no me aceptaste.

Me presente seductor. Te llene de halagos, pero no empalagué.
Te obsequie el mundo, y sus maravillas ocultas.
Fuiste la reina, la emperatriz, y la dueña.
Te hice sentir única por sobre todas las bellezas del universo.
Pero no me aceptaste.

Me presente inteligente. Con pensamientos incomprensibles.
Diagramé estructuras mentales que serán descubiertas en un futuro.
Resolví los misterios pendientes de la humanidad en un instante.
Genere la envidia de los sabios y ancianos de este mundo.
Pero no me aceptaste.

Me presente divertido. Risueño. Agradable.
Te propuse los momentos más inolvidables y eternos.
Puse música y danza a tu alrededor como en una fiesta sin fin.
Encarcele a la risa en un cuarto para tu deleite.
Pero no me aceptaste.

Me presente triste. Con ganas de que me comprendas.
Solicité abrazos, cariños y mucho afecto.
Te permití ser mi refugio, mi contención.
Te abrí mi corazón para que hurgaras mi pena escondida.
Pero no me aceptaste.

Me presente compañero. Dispuesto a escuchar, a entender.
Te propuse mi hombro como apoyo de tus desdichas.
Mi palabra te la obsequié como un bálsamo a tu sufrir.
Mi mano te tomó y te guío en tus momentos de confusión.
Pero no me aceptaste.

Esta vez no me presente. Solo vine a despedirme.
Ya no volveré a insistir. El tiempo y el momento pasó.
Me contaron que cuando marché, me quisiste conocer.
Ya era tarde, estaba a años luz de tu lugar, de tu espacio.
Ya no podrás saber quien soy.

domingo, enero 22

FRENTE A FRENTE


Había terminado un año muy duro. Tanto en lo personal como en lo profesional. Y el año nuevo había comenzado de la misma manera.
Puntualmente ese día necesitaba desconectarme. Tenía que salir a la calle a perderme en la multitud. Contagiarme de compañía, o camuflarme entre los demás seres vivientes para que las preocupaciones no me encontraran.

Todo es mental, lo tenía claro, pero mis fuerzas no podían restablecerse. Tal vez las próximas vacaciones se ocuparían de hacerlo, aunque eso sucedería dentro de un mes. Una eternidad para mi estado de ánimo actual.

Me dejé llevar por la marea humana. Una calle peatonal que iba en un solo sentido, y donde la corriente me arrastraba cual madero flotando en el río.

En un punto pude desviarme, y quedé atrapado frente a una vidriera de una librería. A mi lado, un chico de unos diez años miraba con entusiasmo los libros expuestos, hasta que mi presencia sacudió su manifiesta tranquilidad.

El niño clavo su mirada en mí como si me conociera, y tras el impacto inicial comenzó su interrogatorio: “Tienes la cara muy tensa. Hay más surcos en tu rostro, que los que cruzan el campo de mi tío abuelo”, comenzó la conversación sin ningún tipo de inhibiciones.

No tuve tiempo de contestarle, ya que la segunda ráfaga de metralleta sacudió mi ser. “¿Es que nunca juegas?”, preguntó sorprendido, y con tono burlón.

Solo pude esbozar un “pues…”, ya que su tercer comentario corto cual guillotina mi poca capacidad de respuesta. “Tan viejo eres que no tienen más energía”, descargó su comentario cual aguja que se clava en la piel.

Tratando de contener mi enojo ante semejante demostración de falta de respeto, me puse a pensar como explicarle lo que significaba la responsabilidad. De cómo hacerle entender que muchas veces a uno no le queda otro camino que dejar muchas cosas de lado en pos de resolver cuestiones y problemas para los cuales nos hemos comprometido al asumir ciertas posiciones en la vida.

Su mirada se transformó como entendiendo lo que yo pensaba, y en un tono pausado y menos cuestionador empezó a relatar hechos que me resultaron familiares.
Con una voz suave y alegre, contó entre sonrisas, las travesuras que con sus hermanos realizaban durante la ausencia de sus padres.
También, cual historieta, dibujo con sus palabras las aventuras vividas con sus amigos en los veranos junto a la playa.
No menos interesante resultó la descripción de sus momentos de soledad, donde junto a los elementos de los más variados, dignos de un taller, su creatividad se dejaba llevar por los caminos sin límites, para inventar los más estrafalarios juguetes.

A medida que iba escuchando al niño, sentí como que mi rostro se relajaba, y que todas las tensiones que tenía se diluían sin dejar rastros.
Es como que una bocanada de aire joven hubiera tomado el control de mi ser, siendo tal vez la misma, la causa por la cual empecé a reconocer la cara del niño, que en realidad ya no estaba a mi lado, sino que ahora se reflejaba en la vidriera.

Tanto tiempo sin verlo. Cuanto había disfrutado de él, hasta que las vicisitudes de la vida, o el paso del tiempo, nos habían alejado.
Hasta los recuerdos se habían borrado de mi mente. Ahora los mismos volvían para despertar mi memoria de su largo letargo, y a sentir cierta nostalgia por mi niñez olvidada.

Poco a poco el reflejo del niño sobre el vidrio de la librería se fue esfumando, dejando el lugar a mi rostro actual, el maduro. Sin embargo, muy dentro de mí, el niño volvía a vivir.
Y así me alejé de ese lugar mágico, caminando nuevamente entre la multitud, pero ya sin arrugas en la cara……